PARRESHÍA

Pensar

Pensar

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Desnudez o mentira.

La religiosidad no es sólo para con Dios, también levantamos iglesias a ideas para aprisionarnos en ellas. Tal expuso Stirner en el XIX.

Max Stirner en realidad era Johann Caspar Schmidt, un profesor en el Centro de Educación de Señoritas en Berlín, que publicó bajo seudónimo por lo anarquista de su pensamiento.

Para Stirner, el hombre crea quimeras y luego se somete a ellas. Marx hizo suya la idea y construyó la quimera del trabajo y la estructura productiva y en ellos aprisionó a los trabajadores.

Pero Stirner lo que buscaba era defender el pensamiento creador y libre; salvarlo de la prisión de lo pensado. En otras palabras, lo pensado no debe de impedir seguir pensando. “Pensar es una creación, el pensamiento es una criatura, y la libertad de pensamiento significa que el creador está por encima de la criatura; el pensamiento es potencia y, por eso, más que lo pensado; el pensamiento vivo no puede entregarse a la prisión del pensamiento.” (Rüdiger Safranski)

“Tal como tú eres cada instante, eres tu criatura, y en esta ‘criatura’ no puedes perderte a ti, el creador. Tú mismo eres un ser superior a lo que tú eres, y te superas a ti mismo.” (Stirner)

Puede parecer complicado, pero es lo que observamos cada mañana. Me explico: el presidente López Obrador desarrolló tres pensamientos y se amuralló tras de ellos, para jamás tener que volver a pensar.

El pensamiento es algo vivo, deviene junto con el ser pensante de instante a instante. Cada nueva circunstancia debiera tener su propio pensamiento. Los budistas lo explicaron con las sensaciones: no te adhieras a una sensación pasada queriéndola repetir. Aquel ocaso que te cautivó en una sensación de plenitud jamás se volverá a repetir, tampoco la sensación que te causó. Querer revivir la sensación con cada nuevo atardecer, además de imposible y frustrante, sólo impedirá nuevas y diferentes sensaciones con cada crepúsculo.

Regresando a Stirner, lo pensado ayer no debe coartar nuestro pensamiento hoy. Lo conocido no debe impedir el conocimiento. Lo andado no debe detener el andar. Nuestro rencor favorito no puede pervertir toda nueva emoción.

Pues bien, López Obrador desarrolló hace mucho tres pensamientos que le cayeron como anillo al dedo: no robar, no mentir, no traicionar. Olvidémonos si los cumple o no. Lo importante es que sintiéndose cómodo con éstos, abdicó hace mucho de volver a pensar. Por eso todas sus contestaciones, todos sus ataques, todas sus defensas, todas sus mañaneras, todos sus mítines, todos sus mensajes, son iguales, sean navideños, de luto o de triunfo, porque en él, lo pensado impide el pensamiento.

Nadie puede coartar la libertad del pensamiento creativo en México


Detengámonos en su formulación: tres NOs, que nos dicen qué no va a hacer, no qué sí. Ningún atisbo propositivo ni programático. Se puede no robar, no mentir y no traicionar y no hacer nada. Por eso, cuando le preguntan los cómo, los cuándo, los quién, los dónde, los por qué, como es el caso de las vacunas, no sabe qué decir y contesta siempre con los mismos lugares comunes, porque su pensamiento quedó congelado es sus tres negaciones. Ya no hay más conejos en esa chistera.

Lo malo es que el devenir es muy necio y no se deja encajonar en pensamiento alguno.

El pensamiento pétreo de López lo tiene prisionero tras las rejas de un México ideático de liberales y conservadores, de corruptos y valientes honestos, de austericidio franciscano y derroche neoliberal, del PEMEX de Cárdenas y las energías limpias chupasangre. Nietzsche habló del "egipticismo": "... cuando un pueblo tiene muchas cosas fijas, ello es prueba de que quiere petrificarse y de que le gustaría convertirse del todo en un monumento, como ocurrió, a partir de determinado momento, con el mundo egipcio..." Bien podríamos decir que para López, México debe "egiptizarse" en su mundo ideático (e idiótico) del XIX versión "4T".

Habrá, además, que analizar por qué López le llama a su rancho “La Chingada”. Acto fallido que nos remonta forzosamente a Paz y su Laberinto de la Soledad. “La palabra chingar (…) define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado.” (Paz)

Chingar “denota violencia, salir de sí mismo y penetrar por la fuerza en otro. Y también, herir, rasgar, violar —cuerpos, almas, objetos—, destruir (…) Es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en el que lo ejecuta.” (Ibid)

En contrapartida, “lo chingado es lo pasivo, lo inerte y abierto, por oposición a lo que chinga, que es activo, agresivo y cerrado. El chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad, pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra. La idea de violación rige oscuramente todos los significados. La dialéctica de ‘lo cerrado’ y ‘lo abierto’ se cumple así con precisión casi feroz.” (Ibid)

“¿Qué es la Chingada? La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El "hijo de la Chingada" es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, "hijo de puta", se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, en ser fruto de una violación.” (Ibid)

Ruptura y negación definen al mexicano, hijos de la Malinche, nos dice Paz, por eso nos negamos cerrándonos: “Nuestro grito es una expresión de la voluntad mexicana de vivir cerrados al exterior, sí, pero sobre todo, cerrados frente al pasado.”

Volvamos a Stirner y su encierro del pensamiento creativo y libre en lo ya pensado.

Pues bien, si se me permite la metáfora, pareciera que López vive amurallado en La Chingada, ese “país de las cosas rotas, gastadas. País gris, que no está en ninguna parte, inmenso y vacío. Y no sólo por simple asociación fonética lo comparamos a la China, que es también inmensa y remota. La Chingada, a fuerza de uso, de significaciones contrarias y del roce de labios coléricos o entusiasmados, acaba por gastarse, agotar sus contenidos y desaparecer. Es una palabra hueca. No quiere decir nada. Es la Nada.” Y desde la nada nada se puede pensar.

Lo mismo sucede con lo ajado de su discurso que termina devorado por sí mismo en la inmensidad perdida de la chingada.

Ahora bien, el hombre López Obrador, puede hacer de su pensamiento una catedral; pero no del pensar de México. México es mucho más grande que tres conceptos vaciados de sentido, de espaldas a la realidad y convertidos en quiméricos y estériles NOs.

En palabras de Stirner nadie puede coartar la libertad del pensamiento creativo en México.

Y de Paz: “Si nos arrancamos esas máscaras, si nos abrimos, si, en fin, nos afrontamos, empezaremos a vivir y pensar de verdad. Nos aguardan una desnudez y un desamparo. Allí, en la soledad abierta, nos espera también la trascendencia: las manos de otros solitarios.Somos, por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de todos los hombres.” (Ibid)

“No nos queda sino la desnudez o la mentira.” (Ibid)




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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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