PARRESHÍA

Tendremos

Tendremos

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2021

Como todos los años llovieron felicitaciones y parabienes de año nuevo. Una, sin embargo, llamó mi atención: “2021 será el año más difícil de lo que va del siglo. Tendremos que estar a la altura de las circunstancias.”

Y sí, festejos aparte, el 21 llega con una carga desmesurada de retos, pendientes y riesgos. Al menos las generaciones presentes no tenemos parangón para dimensionarla.

Me atrevería afirmar que nos adentramos a una época similar a la de la postguerra por su devastación en vidas, sociedades, libertades, economías, filosofías, planta productiva y esperanzas.

Más no fue la primera parte del mensaje lo que llamó tanto mi atención, cuanto la segunda: “Tendremos que estar a la altura de las circunstancias.”

“Tendremos”, en sus acepciones de necesidad o determinación. La necesidad es innegable, la determinación debe acreditarse. ¿Tendremos la determinación de estar a la altura de las circunstancias? Y sí ésta se surte, ¿tendremos la capacidad? ¿Estamos hechos para lo que viene?

Veo a todos en la fantasía de que la vacuna va a salvar a la humanidad de la noche a la mañana, por arte de magia, con su sola publicitación. 3 mil miserables dosis, en realidad mil 500, fueron festejadas en México como no se festejó ni la independencia de España. Pronto vamos a tener más muertos diarios que las dosis efectivas de ese epónimo embarque. Viendo la ceremonia de bienvenida del paquetito de vacunas me sentí como en las pompas fúnebres de la pata de Santa Anna.

Veo a todos esperando despertar de una pesadilla y regresar al mundo de siempre. Cuando nada volverá jamás a ser como antes. Cuando el final del túnel aún se desconoce y el fin del precipicio no se alcanza a ver en la caída.

Tendremos que


Y la otra gran interrogante es ¿a quién engloba el “tendremos”? ¿Quiénes están incluidos en la obligación y determinación de ese tener?

De entrada, el gobierno. Empezando por el federal. Y ahí radica el mayor de nuestros problemas, porque no tenemos gobierno, sino simulacro de gobierno. Es como la rifa no rifa, el plan de vacunación sin plan, el proceso de Lozoya sin Lozoya, la inversión sin inversión, el pacto federal sin federación. Tenemos carpa y performance de un rencor universal. Nada más.

Los gobiernos estatales hacen lo que pueden, frente a una federación ausente, recelosa y voraz. Unos juegan a flotar, otros a someterse, algunos a paliar con sus limitados recursos los males crecientes y desbocados, y a replantear los términos de la unión para que sea justa y útil.

Los partidos, en su tara, no saben más que negociar candidaturas y firmar pactos que nunca cumplen.

La iniciativa privada, con el agua al cuello, lucha por sobrevivir, mientras los radicales del gobierno federal arrecian su ataque a muerte.

La sociedad civil se da cuenta, después de décadas de reformas electorales, que no sabe nada de nuestro sistema electoral y durante todo ese tiempo votó a lo güey. Ya sabe que no sabe, pero no sabe cómo leer elecciones locales sin la simplificación dicotómica de a favor o en contra del presidente, cuando él es el único que nada debiera tener que ver en estos múltiples y diferenciados comicios. Por cierto, en las elecciones más cruciales, quizás de la historia nacional, en medio de la conjunción de crisis más grande y perniciosa de la que se tenga memoria, la discusión central sigue siendo la cuota de género, en prueba fehaciente que ni partidos ni representación política están a la altura del reto.

Creo, sin embargo, que sí hay mexicanos a la altura de las circunstancias. Siempre ha habido y siempre los habrá. Atlas mexicas dispuestos a cargar el mundo.

La cháchara diaria, armada para distraer, engañar y enfrentar, no permite oír sus voces; el escándalo mañanero tiende sobre el panorama nacional una cortina de humo que evita que nos veamos a los ojos y nos comuniquemos; los partidos no salen de dinámica electorera y liderazgos societales privilegian la mentada por sobre la estrategia. Pero más allá de lo conocido y de lo publicado hay mexicanos preocupados por México y su futuro. En su momento, “tendrán” que mostrar determinación y capacidad para salvar a México de sí mismo.

Tendremos que.




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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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