PARRESHÍA

Recuerdos prematuros

Recuerdos prematuros

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Dictar al futuro.

“Pasar a la historia como uno de los mejores presidentes”, desea López Obrador. (19 ii 21)

Se echa de menos la lectura de Séneca en La tranquilidad del alma: “Consumar la vida antes de la muerte”, consummare vitam ante mortem (carta 32), aconseja el sevillano a los apresurados.

El juicio de la historia será en su momento y de la historia. Es entendible que López desee una historia de fiesta patria, pero que en eso ocupe su tiempo en medio de las despiadadas crisis que hoy desgarran la nación mexicana, habla de un Nerón rascando el arpa en una Roma en llamas.

Toda la narrativa de este gobierno busca imponer un discurso al futuro. La Cuarta Transformación, en todo caso, debiera ser una valoración sobre hechos consumados y no un calificativo previamente impuesto a un propósito con más propaganda que sentido y contenido.

López está preocupado por el futuro, pero no lo construye; lo dicta, lo idealiza, lo decreta.

Está más ocupado en deconstruir todo pasado que no le sea idílico, que en hacer patria en tiempo presente.


No cesarizarte a fondo



No consuma salud, seguridad, alimento, educación, vacunas, gas, energía eléctrica, empleo, comercio, crecimiento, cultura, concordia, verdad. Sólo tiene tiempo para la ensoñación de compartir la historia al lado de los héroes nacionales.

Los juicios de mejor o peor sólo pueden ser póstumos, si no al sujeto, sí a sus acciones. Se ganan con hechos, no se prescriben. No se ensueñan.

Y en política, como en historia, lo único que valen son los hechos. La realidad. Los resultados.

Me asalta el recuerdo de los restos de la pierna de Santa Anna, exhumados por la canalla de su sagrado mausoleo en Catedral, pateados por el pueblo bueno por las calles de la Ciudad de México hasta pulverizarlos para la historia.

Quien quiera conquistar el futuro, que consuma hechos, no "performances"; que conquiste su instante; que cumpla con su vida, que es lo que le corresponde; no con recuerdos prematuros.

Finalmente, se ve que tampoco leyó a Marco Aurelio: “Ten la precaución de no cesarizarte a fondo ni impregnarte de ese espíritu. Mantente por tanto simple, honesto, puro, grave, natural, amigo de la justicia, piadoso, benevolente, afectuoso, firme en el cumplimiento de los deberes.” (Pensamientos).


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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