PARRESHÍA

La lección de Lenia

La lección de Lenia

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A mí no me vengan con que la mayoría es la mayoría, a mí las mayorías me hacen lo que mi vecina de quinto patio.

“Es mi proyecto”, reclamó en berrinche; pero ya no era proyecto, era sentencia. La diferencia ni la conoce ni le interesa, como tampoco la convivencia, ni con su vecina ni con sus pares, ni una puede reclamarle respeto a las áreas compartidas del patio de vecindad, ni otros una mayoría de votos.

Un elemento más jugaba aquella tarde en sala de pleno de la otrora Suprema Corte y de Justicia, hoy arenero de El Kínder del Acordeón: el inútil y pusilánime Hugo Ortiz, quien en lugar de presidir hace gala de insignificancia.

Por mayoría de siete de nueve votos los niños del kínder habían decidido retirar un párrafo del texto de lo que ya era sentencia, pero La Burra del Pueblo alegó que el proyectó era suyo y nadie podía meterle mano, sin entender qué hacía allí y para que se someten a discusión y voto los proyectos. Hugito, entonces, soltó la sonaja y dijo que se retornase el proyecto, que ya para entonces no existía, para que la ponente corrigiera el párrafo que por mayoría ya había sido suprimido, poniendo a nueva votación algo que ya había sido votado.

Hugito olvidó o desconoce que, en esos casos, a quienes discrepan de lo aprobado les asiste el derecho de un voto particular por el que, distanciándose de la mayoría, hagan valer sus razonamientos.

Pero allí no se trataba de razonamientos y menos de estricto derecho, sino de dar una lección de la democracia de Morena. Y aquí la lección de Lenia: A mí no me vengan con que la mayoría es la mayoría, a mí las mayorías me hacen lo que mi vecina de quinto patio; en mi concepto de democracia la minoría, así sea de mí misma y única, vale más que la más amplía mayoría y el párrafo se queda porque es mío, pinches neoliberales golpistas vendepatrias.

Tal es la democracia de Morena, la que abrevó la familia Batres y compañeros de banda, la única mayoría válida es la de nosotros y si acaso no lo es, imponemos nuestra minoría, ya sea alegando fraude electoral, complot, persecución, o robándose abiertamente mayorías calificadas que nadie les obsequió.

La democracia soy yo y no hay más democracia que la mía, fue la lección e imposición de Lenia a sus compañeritos de kínder, así, la democracia soy yo, dice Claudia también a sus paleros en la mañanera y la democracia soy yo, le dice a Claudia desde Palenque YSQ.

En El Kínder del Acordeón, uno vale más que siete y la ignorancia y la pusilanimidad privan.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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