Los inceles y el odio
Voluntaria o involuntariamente tendemos a copiar lo peor de la contracultura dominante. Más aún cuando la educación en México pasa por una crisis de identidad, de falta de calidad y contiene en su conformación influencias baratas, modismos y expresiones, acciones y conductas que significan vulgaridades y pobreza adquirida que en nuestro medio se convierten en paupérrima copia de lo que ocurre allá, entre nuestros vecinos del norte y otras economías hegemónicas.
Ahora está de moda separar a hombres y mujeres, y hacer énfasis en el empoderamiento femenino, después de siglos de discriminación y diferencia social. En el pasado, mientras nosotros trabajamos y nos convertimos en proveedores de la familia, ellas trabajaron en el hogar sin suficiente reconocimiento a su importancia social. De pronto, casi sin darnos cuenta, empezó a cambiar eso. Cada vez más se revaloró lo fundamental que es el trabajo en el hogar para el bienestar familiar y el progreso.
Al tiempo, las mujeres se incorporaron ampliamente al trabajo administrativo, empresarial y demás en la sociedad. En la última Guerra Mundial, por ejemplo, las mujeres ocuparon puestos de toda índole en el aparato productivo, mientras los hombres mataban a sus contemporáneos.
Las relaciones entre géneros también se modificaron. Se hicieron visibles comportamientos de homosexualidad creciente entre mujeres y entre hombres. Y curiosamente, aparecieron nuevas expresiones sexuales y comportamientos diversos. combinaciones en busca de placer, algunas licitas y otras no, como el famoso caso Epstein que involucró a Trump y otros magnates especializados en pedofilia, en relaciones sexuales con niños y niñas.
En general, las relaciones en las nuevas generaciones están marcadas por la tecnología, la necesidad del consentimiento activo y la diversificación de distintas formas de placer. Se caracterizan por la autosatisfacción, el uso de juguetes sexuales y la comunicación abierta con menos tabúes y más impacto en redes sociales y tecnosexualismo. Así como la reconocida 'reconexión de pareja’, como la regla 7-7-7 (citas cada 7 días, escapada cada 7 semanas, vacaciones cada 7 meses). Creciente impacto de la pornografía en las nuevas parejas y en su rendimiento íntimo. Énfasis en la salud masculina, entrenamiento del suelo pélvico y terapias para combatir la disfunción eréctil. ejercicios a propósito en el Gym y píldoras mágicas.
La aparición de un sinnúmero de terapistas y expertos en educación y trascendencia sexual, sobre todo en redes sociales y clubes de intimidad que se refieren siempre a la importancia de la reconexión entre parejas e individuos: contacto físico, caricias y masajes frecuentes; estimulación de la imaginación y practica de la sexualidad a partir de una sólida relación emocional, aunque sin dejar a un lado lo importante de las relaciones únicas de aventura que tienen la satisfacción orgásmica y el placer individual como propósitos principales con recién conocidos.
Se trata de quitar tabúes e incrementar la pasión individual y de parejas, aumentando la frecuencia de las relaciones, reactivando el deseo sexual y buscando la exitación, la comunicación y el placer mutuos.
Las parafilias o conductas y fantasías sexuales de exitación, implican en ocasiones el uso de objetos inanimados, la participación de quienes no lo consienten expresamente o el sufrimiento o la humillación de algún miembro del acto sexual. En cuestión de sexo hay gustos para todos.
La misofilia consiste en la excitación por el olor de la pareja, sobre todo de ropa interior y más cuando contiene algún rastro como semen, flujo vaginal, sangre, sudor, cuando se excitan las feromonas o hormonas de disponibilidad sexual.
La hifefilia, cuando tocamos algún objeto ajeno o perteneciente a quien deseamos: ropa, piel, cabello especialmente de zonas eróticas del cuerpo de nuestro interés.
Formicofilia o el placer sexual mediante el contacto directo con animales pequeños en zonas erógenas del cuerpo como el pene, el clítoris, el pecho o el ano, aunque no se establece contacto sexual como si sucede en la zoofilia.
Capnolagnia o atracción sexual por la persona fumadora y el placer al realizar esta actividad, la sensualidad y dulzura en las mujeres o la transgresión de límites establecidos y el estereotipo de masculinidad y el sexo oral.
La dacrifilia es la exitación sexual que provocan la visión y la textura de las lágrimas y el sadomasoquismo al provocar el llanto de quien es sujeto de deseo. Por ello hay dacrifílicos sádicos y voyeristas. Aquí la compasión, la dominación y sumisión se entremezclan.
El tecnosexualiamo o amor y utilización de la tecnología y atracción por robots, juguetes sexuales de última generación o máquinas automáticas de excitación o de placer.
Asfixiofilia, es otro tipo de trastorno sexual. Las personas se asfixian o se estrangulan parcialmente para reducir temporalmente el aporte de oxígeno al cerebro e intensificar el placer sexual.
Espectrofilia o el encuentro sexual entre fantasmas y espíritus como cuando los dioses griegos se mezclaban con humanos. Es la busca de Afrodita, Artemisa y Palas Atenea, por ejemplo.
En este marco los llamados inceles (incels) conforman una subcultura de celibato involuntario, hombres que se definen así por su incapacidad para conseguir parejas sexuales o románticas a pesar de desearlas. Este grupo se caracteriza por actitudes de misoginia, odio hacia las mujeres y a los hombres sexualmente activos. Este término describe una identidad tóxica caracterizada por la autocompasión y la violencia.
En nuestro país, recientemente un joven de 15 años autodefinido como ‘incel’, asesinó a dos maestras en Lázaro Cárdenas con una metralleta de su tío marino.
Este crimen, como muchos otros, muestra la bajeza y enfermedad crónica de nuestra sociedad.
Al mismo tiempo, hoy se calculan 13 mil mexicanos recluidos en cárceles estadounidenses y detenidos por ICE, fundamentalmente por ser migrantes.
Hoy se contabilizan 14 muertos, asesinados por las mismas autoridades del ICE .
¿Quie’nes liberarán a los encarcelados ?¿Quie’nes juzgarán a los asesinos?
Sin duda, vivimos tiempos de locura y de odio.
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