Trasquilada
La pobreza discursiva y comunicativa de las palabras de Sheinbaum en la Cumbre en Defensa de la Democracia, son de una inopia que alarma, como escribió Benjamin, verborrea propia del pretendiente torpe que no sabe abrazar: “vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, y de Coatlicue”, dijo sin hacerse cargo de la verdadera ascendencia de su estirpe y apellido.
La mitad de su texto se le fue en hacerse -frente a los oyente que en su mayoría desconocen a detalle la historia de México- heredera de todo el panteón de héroes nacionales, hasta de Frida Kahlo y su enfermedad echó mano. Me imagino la cara de Cyril Ramaphosa, pesidente sudafricano, cuando le oyó afirmar de que venía de la Coatlicue, de Leona Vicario, de ¡Hermila Galindo!, de que con ella llegaron todas, del 18, del 24, de los ¡republicanos españoles! "Pues qué aquelarre", ha de haber pensado. Qué, cuando doctamente aseveró Sheinbaum que México tiene ¡principios constitucionales! y que son ¡surgidos de la historia!, pues ni modo que fueran extraterrestres.
Pero hoy, no obstante haber afirmado en la cumbre: vengo a nombre de un pueblo (como si los presentes no supieran quién era y cuáles sus méritos y deméritos) “profundamente generoso; un pueblo que ha aprendido a resistir sin odiar (…) sin dejar de respetar a los demás” y que la "democracia significa elevar el amor por encima del odio" desayunó guajolote y dijo que “la derecha es odio” y al oírla me vino a la mente aquella frase de Torres Bodet cuando hablaba del “insolente lujo verbal de la iracundia de hiel sin sentido”.
Se fue a medir con enanos y cartuchos quemados y salió trasquilada.
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