PROHIBIDO PROHIBIR

Sin arrepentimiento

Sin arrepentimiento

Foto Copyright: X

Un mundo como cantaron los grandes poetas, lleno de luz.

Hay una canción icónica que cantó la gran Edith Piaf y que nunca ha pasado de moda. Non je ne regrette rien es en efecto un himno a la resiliencia que subraya el no arrepentirse de nada. No vale la pena.

La letra expresa una enseñanza universal atemporal: aceptación total de la vida, del amor y las tristezas, sin darle importancia ni al bien ni al mal. Al final, todo es igual. Todo se paga, barrido, olvidado. Empiezo mi vida desde cero, sin ninguna pena, gozo los placeres. No, no me arrepiento de nada. Mi vida, mis alegrías… hoy comienzan de nuevo contigo.

La Piaf resume la nostalgia y las carencias de la última guerra mundial, fue conocida como el “gorrión de París”. Su vida no fue facilita, pasó pobreza y desamor. Tragedia, adicciones y enfermedad. Fue hija de un acróbata y una cantante ambulante, con la influencia de su abuela materna y más tarde de su abuela paterna en un burdel de Calvados, Normandía.

En los años cuarenta y cincuenta se consagró internacionalmente con Milord y el Himno al Amor, entre otras canciones, que interpretó con la sensibilidad de su vital tragedia: perdió a su gran amor, el boxeador Marcel Cerdan, quien murió en un accidente de coche en 1949. Su dolor físico la llevó incluso a usar morfina. Muere joven, a los 47 años, dejando un legado artístico que aún hoy aplaudimos. Fue una chaparrita enorme, pareja también de Yves Montand y mentora de jóvenes talentosos como Georges Brassens y antes de Charles Aznavour en el año de mi nacimiento.

Curiosamente la Piaf fue también protectora de artistas judíos, lo que es un recuerdo oportuno, cuando hoy Israel está masacrando palestinos en Gaza como antes los nazis asesinaron judíos. ¡Cómo cambia la vida!

Pues bien, a la Piaf la recuerdo con cariño hoy que en unos días más cumpliré mis 76. Sin arrepentimientos ni rencores. Seguramente lastimé y fui lastimado. No vale la pena recordarlo.

Junto con Tania Libertad, son las dos, la Piaf y ella, mis Ángeles guardianes de tristezas y alegrías musicales. Me han acompañado toda la vida. Gracias.

He disfrutado además a Ella Fitzgerald, Billy Holiday, Aretha Franklin, Miriam Makeba, Joan Baez, Barbara Straisand, Etta James, Mireille Mathieeu, Elis Regina, Maria Bethania, Simone, Astrud Gilberto, Mercedes Sosa, Soledad Bravo, Lola Beltrán, Sonia, Susana Rinaldi, entre mis principales preferidas.

Ya lo he contado, pero vale la pena repetirlo por la ocasión cumpleañera: dicen mis hijas que son las únicas niñas que crecieron con música a las cuatro de la mañana los fines de semana y las únicas que dijeron: ¡papá, bájale al volumen de la música por favor! Nunca lo olvidarán. Serenata segura. El Macintosh sonó con esplendor.

Ahora estamos mi mujer y yo vendiendo, regalando, tirando lo acumulado durante tantos años en Contreras. Una vez que mi madre. doña Mabelita se nos adelantó hacia donde la esperó mi padre, ya no tiene caso seguir aquí. Regresaremos a San Diego a ver crecer a mi nieto Nick y de vez en cuando al Secreto a ver a mi nieta preferida, la bella Regina.

Esperemos no dar mucha lata a mis hijas que ahora se han vuelto picki y a veces sin querer les molestamos.

En efecto. ya no creo que estaré mucho tiempo en estos lares mundanos, aunque sé que me iré cuando quiera. O casi. Ya recibo cada vez más noticias de amigos y conocidos contemporáneos que ya se fueron o están por hacerlo.

Hemos sido la generación del 68, del mayo francés, la generación rockera, del disfrute del bikini femenino. De asombrarnos con viajes a la luna y de la televisión a color y el iPad. De las vacunas y la tecnología más allá de mi entendimiento y del brinco de escritura a mano a picar el tablero para construir palabras. De la guerra de Vietnam y el bloqueo a Cuba. De la esperanza del mundo multipolar, más equilibrado y justo.

Por fortuna, mi mujer y yo tuvimos tres hijos a toda mecha. Quiero y respeto a sus parejas y tratamos de llevar la fiesta en paz. Díganme en que ayudo, si algo especial les dejo es la certidumbre de que vale la pena ser felices y dejar atrás los enojos, las tristezas, los rencores. Como dicen los gringos: those irrelevant petty things.

Agradeceré que mis amigos, conocidos y lectores, cuando quieran y puedan, levanten una copa de vino y brinden conmigo por un mundo sin guerras, sin locos en los gobiernos, sin crímenes ni abusos, sin tantísima pobreza, un mundo como cantaron los grandes poetas, lleno de luz.

Y en cuanto al amor hay que sentirlo hasta la médula, como dice Sabines: “para curarme de ti en unos días…”

#LFMOpinion
#ProhibidoProhibir
#Arrepentimiento


Comentarios



Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

Sigueme en: