PARRESHÍA

Vaciamiento

Vaciamiento

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La transformación no es metamorfosis, es borrón y desfondamiento.

Eso que llaman transformación no es otra cosa que un vaciamiento, una extirpación de la historia; es sin esa raigambre que insisten en cambiar nuestras posibilidades de futuro -que no son otra cosa más que la vida-, por la disponibilidad a una teología política.

La “transformación” no es metamorfosis, es borrón y desfondamiento. De allí esa doble sensación de impotencia y libertad, de creernos liberados, pero sin saber para qué.

Hay quien confunde la posibilidad de comenzar algo nuevo con la de comenzar todo de nuevo, y es precisamente su amontonamiento de presentes siempre iguales lo que condena a nivel de patraña a la Cuarta Transformación (ivT) que ¡ya era! desde los primeros pobladores del continente americano en esa caricatura llamada humanismo prehispánico.

Sobre este hueco y hechizo humanismo publicitan cual ajolote su supuesto significado, cuando en un cuarto de siglo nada han podido simbolizar en el inconsciente nacional. Son solo clientelismo electorero e impotencia política en fugacidad.

Pero no solo son vaciamiento de pasado, también lo son de futuro: si desde antes de los tiempos ya latían en un mundo que fue solo para que ellos fueran, y una vez llegados todo ha sido alcanzado, el universo está concluido, lo deseable ya es, nada queda por hacer; los tiempos se han colmado, no hay satisfacción alguna por concluir. ¿Qué caso tiene seguir adelante a qué? Diría Ortega y Gasset: “protegidos ante su propia consciencia por esa idea, soltaron el gobernalle de la historia, dejaron de estar alerta, perdieron la agilidad y la eficacia”. Fue así que “la vida se les escapó de entre las manos, se hizo por completo insumisa, y hoy anda suelta sin rumbo conocido. Bajo su máscara de generoso futurismo, el progresista no se preocupa del futuro; convencido de que no tiene sorpresas ni secretos, peripecias ni innovaciones esenciales; seguro de que ya el mundo irá en vía recta, sin desvíos ni retrocesos, retrae su inquietud del provenir y se instala en un definitivo presente. No podrá extrañar que hoy el mundo parezca vaciado de proyectos, anticipaciones e ideales. Nadie se preocupó de prevenirlos”. Todo es segundo piso, reiteración, abulia, condena.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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