Visita a Renapo
Agradezco los comentarios y buena vibra por mi texto anterior de Visita a la Tesorería, como generalmente lo prometido es deuda, he aquí la continuación.
No llovió esa tarde, por alguna razón desconocida los miles de automovilistas que inundan las calles de la ciudad, en especial el Periférico, decidieron descansar y el viaje a la calle de Londres, en plena Zona Rosa resultó agradable. Las jacarandas se levantan por arriba o al lado de los techos y la ciudad se dibuja de morado.
Un joven muy diestro en la manejada nos lleva por el Viaducto hasta Monterrey. Dejo atrás la calle de Alaska, referente de ubicación y recuerdos gratos. Ahí, en el número 3 vivió mi padre de joven y en otro número de la misma calle su amigo de toda la vida, Enrique, quien casó con mi querida tía Chela, la hermana mayor de mi madre. Creo que mi padre tuvo que ver en ese matrimonio. Papá noviaba con mamá y era necesario que los acompañara la tía, incluso a la iglesia, entonces era lógico que mi padre le hablara a su vecino de ella, le hiciera de cupido y lo promoviera con los que más tarde serían mis abuelos.
Al llegar a Londres dio vuelta a la derecha hasta encontrar la sede del Renapo o Registro Nacional de Población y dependiente de la Secretaría de Gobernación o Segob. También los mexicanos manejamos acrónimos, ¡qué caray!
Una columna de gente en la puerta espera turno para entrar. Avancé con paso seguro hasta la entrada, pregunté sobre el trámite de datos biométricos. Se me señaló la fila.
En esas estaba cuando otra empleada con chaleco me indicó que hablara con el señor. El señor resultó ser Israel. Pues bien, me presenté y le comenté sobre su nombre “el que está cerca de Dios” ¡Sí!, me dijo, ¿qué se ofrece?
-Vengo a los biométricos.
-¿Tiene cita?
Yo creo que bromeaba, porque nadie contesta para las citas, la página está caída.
Supongo que entendió mi cara de incrédulo estupor que al mismo tiempo dijo: “acompáñeme por favor”.
Pasamos mi mujer, con bastón (como recomendó Aurorita), y yo la primera puerta resguardada por policías femeninas mucho más agradables que los agentes secretos de la Tesorería y llegamos al final del edificio hasta las oficinas divididas en cubículos con sillas acomodadas en filas.
Señaló con la mano derecha.
-Espere su turno
Entendí que había que esperar y nuevamente me hice de paciencia. Reconocí la rutina.
Nos sentamos juntos como en el cine a ver la película, sin palomitas, pero pasé el brazo sobre sus hombros como siempre y apreté un poco, sentí su reacción al acurrucarse en mí.
A mi lado una joven leyendo su móvil, aproveché el momento de recorrerse, como en el juego infantil de las sillas, para decirle lo obvio: que suerte, ya mero nos toca. Así, sencillo, para romper el hielo y atraer su atención.
Al poco rato otra vez a levantarse y recorrer un lugar. Esta vez nos trató de ayudar.
Veíamos desde afuera de la oficina al suertudo (a) que ya estaba en plena faena con sus biométricos; se alisaba el pelo, veía a la cámara, corregía la posición vertical. Nada de sonrisas, se trata de estar serio. Ahora los dedos en la pantalla que inmediatamente era limpiada por la responsable del proceso. Unos minutos más oyendo con seriedad que el resultado sería enviado a su correo electrónico en breve y que si alguna autoridad pregunta sobre su credencial (otra más) con datos biométricos, haga el favor de explicar que está en su celular.
Por fin nos tocó el turno.
Ella primero y yo en el módulo de enfrente. La vi instalada y le envíe un beso. Ella muy seria como diciendo: pórtate bien. Te conozco.
La empleada del módulo pidió el curp y el INE. Atenta aceptó mi teléfono para registrar los datos y le extendí el original del INE, las dos cosas casi al mismo tiempo, sin dejarla rechistar.
Su parsimonia seguramente tuvo que ver por estar, además, al mismo tiempo, mordiendo una rica torta a la que se le desbordaba la crema y de no estar atenta para lamer y chupar, rítmicamente en el momento preciso, hubiera hecho un batidillo.
Su correo, dijo preguntó entre mordida y mordida,
Y yo me distraje, no sé qué pensé, me quedé en espera del batidillo y le di mi correo con terminación equivocada, en lugar de “.com” le dije “.net”.
Como todos los jóvenes saben son dos cosas muy diferentes, com es individual y net es colectivo, o algo así.
Entonces me quedé esperando más de 10 minutos a ver si de casualidad me llegaba el correo con los biométricos de mis fotos y huellas dactilares.
Por supuesto que no llegaron. Traté de hablar para corregir el desaguisado. Si en tiempos normales no contestan, para urgencias o correcciones menos.
Tendré que regresar a Londres y buscar a Israel. Del mismo que me despedí con gratitud por habernos ayudado.
Una cosa más sobre su nombre: lástima que estén asesinando palestinos.
Y en eso estaba cuando sonó el celular, creí que era la señorita de la torta, pero no.
En cambio, el celular volvió a sonar y apareció un mensaje en la pantalla: CUIDADO su teléfono está contaminado. Necesita borrar el archivo o perderá su información.
Help. S o s
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