PARRESHÍA

Libertad de movimiento

Libertad de movimiento

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Hoy ya no hay nadie que dude que los derechos humanos podrán ser todo lo universales que se les declare, pero su universalidad acaba donde el poder lo determina.

La libertad de movimiento es probablemente la más elemental de todas las libertades posibles, Arendt nos dice que la esclavitud empieza allí donde se limita la de movimiento y que sin ella la acción humana es imposible, siendo la acción la primera forma de experimentar la libertad en el mundo. Quien nos priva de la libertad de movimiento nos despoja también del espacio público, ámbito propio para hacerse ver y oír, donde la justicia es posible y el orden jurídico norma y hace normalidad la convivencia humana.

La privación de la libertad de movimiento es una especie exilio: quien queda inmovilizado está prácticamente desterrado del perímetro de lo político y de la esfera de sus derechos. La ausencia de libertad de movimiento es también una forma de estado de excepción por el que el poder excluye a la persona de la vigencia y aplicación de la ley.

Hoy ya no hay nadie que dude que los derechos humanos podrán ser todo lo universales que se les declare, pero su universalidad acaba donde el poder lo determina: “respecto de los dioses tenemos creencia, y respecto de los hombres tenemos la certeza, de que siempre, por necesidad de naturaleza, cada cual manda allí donde tiene el poder de hacerlo” (Tucídides), porque “el examen de lo que es justo tan solo se lleva a cabo cuando existe la misma necesidad por ambas partes. Cuando hay un fuerte y un débil, el primero ejecuta lo posible, y el segundo lo acepta” (Íbidem). La vigencia de los Derechos Humanos requiere de la voluntad y del poder de un Estado efectivo. Pero hoy el Estado-Nación está en crisis, como la humanidad misma, y cada vez puede menos en materia de derechos y eficacia, y cada vez es mayor su capacidad y talante policiaco.

El hecho es que el mundo se puebla de ciudadanos cada vez más expulsados del orden jurídico y de migrantes sin Estado propio que haga valer su ciudadanía y en Estado ajeno que le haga efectivos sus Derechos Humanos.

Se me dirá que el migrante no ha perdido su libertad de movimiento, pero ¿qué es ésta cuando aquél es forzado y a costa de dejar todo atrás, hasta a sus propios muertos?

¿Qué es la libertad sin movimiento y el movimiento sin la libertad?

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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