Sin murallas ni ley
Heráclito comparaba las murallas de la ciudad con la ley, a la que había de defender igual que aquéllas. Arendt, tomando este parecer, agregó que la ley debe construirse antes incluso que la ciudad, aunque en realidad no es un problema de tiempos, la ley rige las relaciones entre los hombres en un espacio determinado y con ello dibuja la fisonomía y pertenencia de sus habitantes en ese espacio que media entre los hombres y hace posible la vida política. “Cada ley crea antes que nada un espacio en el que entra en vigor y este espacio es el mundo en que podemos movernos en libertad. Lo que queda fuera de él no tiene ley y, hablando con exactitud, no tiene mundo; en el sentido de la convivencia humana es un desierto” (Arendt)
Es por eso que la ley debe ser objeto de permanencia y defensa (hay que defender la ley como a las murallas), por tanto, no cualquiera la puede modificar y menos abolir caprichosamente, porque ello significa alterar las fronteras de la ley, el espacio, las relaciones y la vida política que a su interior se da y fructifica en identidad, pertenencia y futuro. Por las mismas razones, la ley tampoco puede violarse impunemente.
Quien viola la ley o la asesina, daña o mata el mundo que hace posible la vida política. Pero hoy en México se cambian las leyes sin leerlas, ya no se diga entenderlas, y se cree que eso no impactará mayormente las relaciones humanas, pero el espacio que media entre los mexicanos se angosta, aceda y angustia; no concita, polariza, aliena. El poder piensa que es en su beneficio y permanencia, ignora la imprevisibilidad propia de la pluralidad en la acción humana.
La Biblia tras el Génesis narra la alegoría del paraíso: un espacio, unas relaciones felices, una ley -el árbol prohibido-, la desobediencia, la expulsión, el pecado y todo el edificio de la salvación como regreso al paraíso perdido. Por eso el destierro en la antigüedad como pena a quien dañase a la sociedad. Hoy cientos de millones de humanos migran por el mundo expulsados de las murallas y leyes propias, vagan por la tierra sin mundo y los Estados Nación cada vez son menos eficaces para hacer prevalecer la ley en sus territorios, pronto tendremos un mundo sin murallas y sin leyes, habremos de crear una nueva ley teniendo por murallas el mundo todo, si es que aún podemos.
Regresando a México, tanto testerearon la ley con que no era la ley, que hoy no solo hemos perdido la ley y su efectividad, sino también el territorio donde dentro de nuestras murallas el crimen organizado impone su ley y poder, y a donde un vecino voraz y manido amenaza con entrar para, sin necesidad de hacerlo, imponer su ley sin ley.
Quisieron jugar con fuego e incendiaron el mundo mexicano.
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