Eso no es vivir
¿Te preocupa que tu voz no se escuche a gran escala, que tu desolación no se refleje mayormente compartida, te sientes polvo en el basurero de Cocula, y en vez de alas de sueño caes todas las noches presa de tus pesadillas? ¿Es hoy la angustia tu única amante y compañera? “Que nada te turbe”, diría Santa Teresa de Jesús, que “son las palabras silenciosas las que traen las tormentas”, porque sólo los “pensamientos que vienen con pies de paloma gobiernan el mundo” (Nietzsche).
Si hoy el ruido desdibuja todos los significados y lo vertiginoso de la información hace de lo digital Babel, qué importan las grandes audiencias y lo innúmero de los likes, “sólo el gran pensamiento da grandeza a una acción o a una cosa” (Íbid), el mundo no gira alrededor de nuevos y numerosos ruidos, sino en torno a nuevos valores, y los valores se aprecian por sí mismos, no necesitan de algoritmos.
No pierdas tu tiempo ni consumas tus posibilidades en el Burnout del autorrendimiento hacia la nada.
¡Eso no es vivir!
Me dices, el pensamiento sin acción es nada, y es cierto, pero la acción sin pensamiento es onanismo.
Me urges a la ávida inmediatez propia del consumo que te condiciona a responder siempre igual a todo estimulo, pero el llamado del futuro no exige de eficacia efímera, sino de vida con sentido; no reclama rendimiento ni seguidores, demanda autenticidad; no es la acción por la acción, como nos han condicionado, es su tendencia y acompañamiento, es la generación de un nuevo comienzo y lo imprevisible de su destino.
¿No será tiempo de volver a conectar la acción al pensamiento y de enfrentar a la angustia con los sueños de la esperanza? ¿Qué es la vida sin la locura que encierra la poesía, qué el amor sin ilusión? ¿Por qué porfiamos contra toda esperanza, no es acaso por la esperanza misma? No, no somos sólo química y biología, siempre hay algo más, de otra suerte la vida inteligente en el universo hubiese abortado sobre sí hace millones de años (Chardin). No pido resucitar el topus uranus de Platón, tampoco el más allá del cristianismo, me aferro a la vida como voluntad creadora de hacer más allá de cada uno de nosotros, de la fuerza como afirmación del ser que es en nosotros. ¿Qué voluntad y qué fuerza, y hasta dónde, hasta lo más incomunicable que hay en nosotros y hasta el límite del ser mismo y de nuestra posibilidades individuales y colectivas.
Me dirás que estoy loco, pero hasta lo imposible. Como sea ya vivimos en él.
El problema es que para imprimir el ser en el devenir tenemos que definir primero qué ser y para qué, y ello nos obliga a pensar las preguntas de todos los tiempos: ¿Qué soy, soy el que soy, para qué soy?
¿Pensar?, preguntas, ¿hoy? ¿Con la IA?
Pensar es eso que te niegas a escuchar cuando en el silencio y la solitud regresa a ti una vez más la angustia existencial y te secuestra de las vacuas exhibiciones hedonistas y de los suicidas ejercicios de autorrendimiento a la nada que es la vida en la modernidad tardía.
Pensar es eso de lo que huyes tan pronto tienes que sacar urgentemente el celular para ver el mundo que te niegas a ver sin él y frente al cual te descubres extraviado y a la intemperie.
Grave problema, hoy para escuchar lo que el silencio te dice desde lo más incomunicable de tu ser, tienes primero que recuperar la vida.
Y si preguntas de ello a la IA es que no has entendido nada.
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