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Los olvidos

Los olvidos

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Pocas personas tienen la capacidad de aceptar y disfrutar su realidad.

Es una discusión estéril, esotérica, pero la verdad es que no sabemos ser felices.

Pensamos que todo sería perfecto si… obtuviéramos esto o aquello. O si lográramos lo imposible.

Mientras esperamos que suceda, estamos expectantes y distraídos.

Olvidamos cuánto hemos logrado y damos el peso mayor a lo que falta. Y siempre falta algo… nunca es suficiente.

Ahora que de común acuerdo con quien manda he sacado papeles y retratos donde se conoce mi historia y de quienes he querido. siento un vacío. Dejarlos atrás es doloroso. Dejo una parte de mí.

Incluso cuando la vida nos ha dejado construir una existencia generosa y plena, posiblemente haremos algo estúpido para crear turbulencia, seremos disruptivos para alterar el status quo y volver al drama. Nos encanta el drama… supongo que es algo similar al dolor que nos hace sufrir, pero nos hace sentir vivos.

Acaso porque al tener resueltas las necesidades, el tedio nos invade. Como el niño que construye una compleja torre de dados, para destruirla estrepitosamente y empezar de nuevo.

El problema es cuando la torre en cuestión es con relación a la vida misma, con la nuestra. Y sucede que cuando encontramos el balance, la armonía, la comprensión recíproca, a menudo buscaremos dónde hay un tema para ponerla a prueba. Empezamos a tontear con los dados de la columna, desafiando su resistencia, su estabilidad. Es absurdo, pero muy frecuente.

Otras formas sutiles de sabotear nuestra relación es centrarnos en un punto de insatisfacción y explotar el desacuerdo hasta que el asunto estalle. Casi siempre esas discusiones temáticas terminarán explotando, porque en su recurrencia generan un desgaste de la paciencia, del afecto, hasta que el cordón que les une termina reventando. Y lo revivimos al repasar los escritos de antes y aquellas fotos de la juventud. Ya no somos lo que fuimos y seguimos buscando las estrellas.

Vendrán después los arrepentimientos y a veces las reconciliaciones. Se lamentarán de haber perdido al otro, se lamentarán en silencio de su necedad de sacudir el juego innecesariamente. Pero eventualmente la relación se habrá maltratado tanto que los arrepentimientos no alcanzan ya. La pareja, como un barco partido en dos, se hunde ya sin remedio en las aguas del olvido.

Ya vendrá alguien más a rescatar a uno y otro. Los vacíos se llenan rápidamente. Es una ley universal. Y serán otros los nuevos debutantes que construirán un nuevo castillo con nosotros. Y llegado el momento, el niño caprichoso que nos habita, empezará otra vez a empujar con curiosidad el dado base de la torre, para ver cuánto resiste, para mandar de nuevo todo al suelo y lamentar su infortunio. Somos autodestructivos por naturaleza.

Pocas personas tienen la capacidad de aceptar y disfrutar su realidad. De reconocer que la imperfección es mejor que la nada y que cuesta mucho tiempo y entrega construir una relación, para apostarla a los dados. Por eso, quizá, vemos a tanta gente que se termina quedando sola, lamentando su suerte. La misma suerte que vamos fabricando a lo largo y ancho de la vida.

A mí me ha dado resultado la estrategia de los besos. Practíquela. Que bien se siente, hasta las pérdidas dolorosas de cartas, retratos, calificaciones, escritos y versos pasan a otro nivel de desatinos y pérdidas. Un beso en cualquier momento es una bendición

Los besos compartidos en esta nueva etapa de vida son gasolina y turbosina para recomenzar.

Con el cambio y en la nueva ruta buscaré siempre tus besos.

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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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