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Recuerdos

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Nostálgicos párrafos, gotas del pasado.

Como muchas cosas en la vida, suceden hechos fortuitos que marcan el camino, los límites, los alcances, las posibilidades. Desde luego depende de nosotros mismos si fortalecemos esas rutas de vida o les damos giros impredecibles o inconfesables.

Por ejemplo, mi afición por la literatura francesa me llevó a estudiar en la Alianza, básicamente para poder leer a Sartre en su idioma: “Usted es libre, elija …” Y ahí elegí con quien he compartido aventuras, éxitos y fracasos. Desde mis 17 años llenos de sueños, estudios, trabajos, aprendizajes, viajes, esperanzas, desesperanzas, deseos, frustraciones, conquistas y triunfos. De haberme levantando todos los días con la certeza de querer ser útil a mí mismo y a los demás, en el camino de mis padres y abuelos,

Estudié Economía en buena medida por la romántica idea de contribuir a mejorar la calidad de vida de todos en el mundo mundial (como dice mi nieta preferida Regy), pero principalmente de los mexicanos, los latinoamericanos. Y de las mujeres, ya que siempre fui feminista. Las admiro, las quiero y luché en contra de los abusivos que las lastimaron o quisieron hacerlo. Me entusiasmó el movimiento del 68, expresión hermana del movimiento estudiantil francés. La Escuela en la UNAM de entonces, no dio ‘para todo pero lo intenté’ hasta que me di cuenta de que era una loza pesada para mis hombros y llegué a la sabia conclusión de que cada quien debe aprender a rascarse con sus propias uñas, ya que de por sí, tal vez era suficientemente complicada la tarea de velar por los míos más cercanos y conocidos. Entonces hicimos un equipo imbatible para el estudio, la discusión y las fiestas: Joaquín, Carlos, Cesar, Sepúlveda, el Pilo, Pedro, el Cabuz, las niñas Gabriela y Lupita y un servidor.

Por otro lado, fue corta mi carrera de actor. Desde las escenas que montamos en Tlalpan, sobre todo en Navidad o para festejar algún cumpleaños de mi abuelo Martínez y generalmente dirigidas por mi tía Nonis, que debe de estar en el Paraíso. Mientras el primo Raya amenizaba los entreactos con canciones rancheras. Hasta mi tiempo de actor en la Prepa 5, con mi papel en Las Cosas Simples donde recitaba convencido sobre mi quehacer en la vida “iré allá, a dedicarme a pintar mujeres desnudas con flores en la cabeza”. Y un Hamlet que presentamos brevemente en la Casa del Lago,

Tengo un nieto, Nick, que algunos de ustedes ya conocen por algunos de mis escritos que tal vez si lo haga. Ya vamos ganando porque, en efecto, le gusta pintar y dibujar. Le falta leer al Shakespeare e ir al teatro de Statford-upon-Avon.

Pues mi vida de actor fue breve y entonces descubrí azorado el mundo del cine. Mi padre, don Arturo, que siguió el apotegma existencialista de que somos, en realidad, cómo nos hicieron. Junto con doña Mabelita, mi madre, nos invitaron a mi primo Paco, ¿o fue a Billy? y a mí al autocinema, y desde los lugares de adelante, porque ellos nos dejaron sus asientos privilegiados del Alfa Romeo, con mi bolsa de palomitas en las piernas, descubrí el cine francés con La Edad del Amor, a Marina Vlady y Michael Beck. Mi vida ya no fue la misma. Mejoró tanto que decidí ser director de cine y descubrí el cine de Fellini, De Sica, Visconti, Pasolini, Rossellini, Antonioni, Tornatore, Bertolucci. Toda la Nouvelle Vague y más tarde al maestro Bergman. Y a los clásicos de USA como Casablanca, lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago, Los Cañones de Navarone, El Padrino, Stars Wars, entre otros.

Hace años cuando por primera vez llegué a vivir a San Diego, mientras daba mis clases en la universidad, un conocido cercano amigo de un amigo mío de entonces, de cuyos nombres no me quiero acordar, por ser ruines, me invitó a vender películas mexicana llamadas clásicas y sexy comedias, la mayor parte dirigidas por su padre que aprendió a fotografiar en Los Ángeles. Le di a ganar mucho dinero y nunca cumplió sus promesas de mejora salarial y progreso mutuo. Uno de sus hijos, creyéndose sabelotodo se metió y dije adiós. A mí la experiencia me sirvió para conocer el cine nacional, del cual, medio en broma y en serio, Jorge Ferretis, en alguna época director General de Cinematografía de Gobernación decía de ese cine ‘que no lo vería nunca… por salud mental’. El mismo autor que escribió: ‘Cuando engorda el quijote’, que no tiene desperdicio.

Asistí a las Reseñas y más tarde a las Muestras, al cine del CUC y las exhibiciones de cines de piojito como el Cine Teresa, el Río, el Tlalpan y el Cosmos para completar mi formación cinematográfica de chile, de dulce y de merengue o manteca. En ese tiempo viajé a Nueva York con mi amigo Alejandro vimos cine, teatro y oímos conciertos en el West End y en Lincoln Center, nos habíamos propuesto que así sería hasta ‘el hartazgo’, lo que nunca llegó.

Más tarde me imaginé en una película de protesta y crucé nadando desnudo el Sena, ante la mirada medio burlona de un par de flicks y con la complicidad de mi mujer que me metió a bañar recién llegando al Lutece y me puso gotas en los ojos antes de arroparme y besarnos.

Unos días después ya estábamos en Hampstead en nuestro Garden flat e iniciaría mis estudios de maestría en La London, gracias a la beca de Conacyt, al apoyo del maestro Carlos Tello, entonces subsecretario de Ingresos y del director General de Difusión Fiscal, José Ignacio Cacho, que convencieron a José López Portillo, futuro presidente de la República, de darme la oportunidad de vivir un rato en el extranjero estudiando. Por cierto, que le dejé mi lugar en la citada dirección creativa a mi amigo Pilo que luego despegó su carrera en Relaciones Exteriores con Santiago Roel.

En estos nostálgicos párrafos, gotas del pasado, he querido subrayar que el azar, lo fortuito, puede determinar y condicionar para siempre nuestro camino, siempre y cuando hagamos caso de esos mensajes subjetivos, subliminales que son como rayos de luz o guiados por las miradas de esas mujeres que siempre nos cautivaron.


PD: no puedo dejar de referirme en dos líneas ‘al ya regrese’… ‘ya me voy’ del exgobernador que también es pasado . Pobre Sinaloa.

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Arturo Martinez Caceres

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