Yo ni me meto
Así decía en su momento Ernesto Zedillo al PRI, yo no me meto en los asuntos del partido bajo la argucia de la "sana distancia".
Por tanto, la estrategia de Zedillo responde a la invitación del presidente Bill Clinton de darle una salida democrática al país por salud política.
Con esa encomienda del vecino del Norte, su objetivo desde Los Pinos fue aprovechar el ambiente de hartazgo de la ciudadanía por votar en contra de la corrupción que representaba el PRI.
Hoy, a ocho años de la llegada de morena a Palacio Nacional, el tema de la corrupción quedó en un segundo plano al denominar el presidente Donald Trump, a esa organización como un narco-partido.
El llevar en la frente el sello de narco-partido le da una connotación especial frente a sus seguidores y ante la ciudadanía.
Circunstancia que obliga a la presidenta con A a reflejarse en el espejo de Zedillo ante las asechanzas del gobierno gringo de entregarles a personajes coludidos con el crimen organizado.
Escenario que la lleva nuevamente a jugar con el doble discurso bajo la frase: "Yo, no me meto".
En esa perspectiva y corriendo ya el proceso electoral del 2027 la huésped de Palacio hace como que la virgen le habla.
Deja al INE que haga propuestas inapropiadas que pongan en riesgo el resultado final de la elección.
A su partido, morena, le da manga ancha para que los gobernadores guindas actúen bajo el principio del pragmatismo en la elección de sus candidatos.
Y donde no son gobierno que prive el enjuague político, es decir, el fin justifica los medios.
Estrategia que contiene un doble filo:
Por un lado, poner en la mira a la dirigencia nacional de morena y a los participantes como los únicos responsables de las candidaturas frente al gobierno estadounidense.
Y, en paralelo, la presidenta con A mostrarse ante los suyos como su defensora utilizando como arma el discurso de la injerencia extranjera como instrumento de propaganda.
Pero la terca realidad se impone.
Ante la evidencia de cargar con el lastre de narco-partido durante el proceso electoral, la presidenta con A optará por apoyarse en la mezquindad y en la perversidad para salvar su pellejo.
No le quitara el sueño que el INE y el Tribunal Electoral, en su momento, tengan que tragar sapos ante sus pifias públicas por agradar a la cuarta transformación, como resultado del levantamiento de cejas del gobierno gringo, y
En el caso de su partido, morena, utilizará el criterio "de que lloren en mi casa, mejor que lloren en frente".
En otras palabras, la víspera del triunfo electoral quedará en una buena intención ante los señalamientos de los gringos de los perfiles de los candidatos.
Y en esta ocasión el ambiente del "desencanto" ciudadano avalará el voto en contra de morena por ser un narco-partido.
Por tanto, la ecuación Desencanto-Donald Trump pesará durante el proceso electoral por encima del voto del bienestar.
Al tiempo
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