Se pudrió México
La Constitución no es solo un cuerpo de leyes, es un proyecto normado de Nación, una aspiración de forma de vida política. Hoy, sin embargo, nadie podría decir cuál es nuestro proyecto y aspiración de vida compartida, y nuestra Constitución y leyes que de ella emanan han sido reducidas en un champurrado de ocurrencias, ignorancias y desmesuras. Por tanto, nada ganamos con una nueva Constitución si antes no pensamos una nueva Nación, un nuevo proyecto de vida.
El obradorato utiliza el orden jurídico para construir en los hechos un estado de excepción legislado, cada día lo que debiera ser una vida política con libertades y derechos garantizados por el Estado, se convierte en lo que Agamben llama una nuda vida, una vida desnudada de todo lo que hace posible lo político, y en su lugar nos queda una vida abandonada al solo vivir biológico, sin propósito, sin compañía, sin derechos, sin sentido; lo más grave es que ese abandono no significa liberación alguna, porque hasta el abandono queda bajo el dominio de un poder que se ha situado por encima de la ley. Recordemos como convirtieron la "Supremacía Constitucional" en la supremacía de su sobremayoría espuria por sobre la Constitución y la división de poderes.
Si vemos bien, vivimos una especie de estado de naturaleza prepolítico, donde el pacto o contrato hobbesiano ha sido roto y vivimos una dissolutio civitatis. Para efectos prácticos vivimos también un nihilismo que, para entender su significado hay que analizarlo a través de la frase de Nietzsche "Dios ha muerto", que no es ningún enunciado ateísta (Heidegger), sino la formula que refleja la vivencia fundamental de su momento histórico, es decir, "el acontecimiento de que los valores supremos se desvalorizan, de que todos los fines están aniquilados y todas las estimaciones de valor se vuelven unas contra otras" (Íbid). Traigo a colación lo anterior porque para Nietzsche la disolución de todos los ordenes en la tierra entera, significó "la amplitud de la acción que necesariamente requiere una tal posición de metas" requeridas; fuerzas que para él radicaban en la misma vida y que no había que buscar en espacios metafísicos.
Curiosamente Nietzsche y Agamben hablan de la "vida", la del primero abandonado a sus fuerzas sin asidero trascendentales, la del segundo una vida desnudada de todo el ropaje político, jurídico, social y cultural del orden occidental, para quedar en sus carnes en versión de animal viviente. Ambos casos, nihilismo y nuda vida nos llevarán, más temprano que tarde, a refundar México... porque éste ya se nos pudrió.
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