Es el mundo, estúpido
Un querido amigo me preguntó sobre las posibilidades de Somos México. Antes de compartirles mi opinión, debo decir que tengo muy queridos y buenos amigos entre sus fundadores, que su voluntad y esfuerzo son dignos de encomio y que reconozco su compromiso para con lo ciudadano. No obstante, veo dos graves riesgos en su futuro mediato: habida cuenta que por ser su primera elección no pueden ir en alianza o coalición, Morena los puede utilizar, junto con el remedo del PES, para restarle votos al PRI, PAN y MC, y así asegurar una mayoría calificada (remember INE y TEPJF), y luego operar para que su votación no alcance el tres por ciento de la votación efectiva y termine perdiendo su registro. Por mi parte les deseo lo mejor.
Más mi respuesta fue más allá de las condiciones concretas de Somos México, no veo estructuralmente posibilidades de salir en el mediano horizonte de este infierno llamado Morena, incluso con una implosión a su interior, porque “mundialmente” hablando no hay circunstancias que lo permitan. Lo escribí la semana pasada, no precisamente dirigido a Somos México, en Mundo y política.
He dicho que “mundialmente” no hay condiciones, más no como sinónimo de globalidad; utilizo el vocablo mundo en su concepción de conjunto de instrumentos humanos. Me explico, siempre somo ahí, siempre somo un quien y siempre somos en cuanto tal, es decir, con un modo de ser, finalmente somos entre otros (con otros), en otras palabras, no somos en la abstracción, siempre somos circunstanciados a un mundo, nuestras formas de ser son en un mundo determinado, nacemos y vivimos en un mundo estructurado y vigente. Pero no sólo somos en el mundo, guardamos con él una relación de acontecer, acontecemos en y con él, y comprendemos, o podemos (debemos) comprender, sus significados.
Regresemos a la ausencia de condiciones de mundanidad para poder salir de nuestras crisis políticas. Dentro del mundo, aquello que pudiéramos llamar el instrumental propio de lo político, es uno que perdió su funcionalidad, significado y sentido hace mucho. Es decir, acontecemos políticamente con un mundo que no cumple ya para nosotros sus funciones de aperturidad y posibilidad. No es pues un problema de voluntad sino de mundanidad, el mundo no nos da para ello.
Científica y tecnológicamente el mundo ha tenido una revolución continua desde el siglo pasado, pero las instituciones, procedimientos, lenguaje, organizaciones y formas de participación política son las mismas desde hace dos siglos. La democracia se diseñó para la Ciudad-Estado griega hace dos mil quinientos años, se acopló para el Estado-Nación hace doscientos, y hoy ni siquiera sabemos cómo llamar asertivamente a las organizaciones políticas que tenemos, todas maltrechas, y si son operosas.
La sociedad y nuestras interdependencias se han complicado de manera tal que hace dos siglos nadie podía imaginar y, sin embargo, queremos seguir operando con partidos que fueron derivaciones de gremios, clases y religiones, y que hoy no guardan ninguna relación estable con la sociedad que no sean clientelares o mediatizadas con escándalos, espectáculos y rijosidades.
No son pues nuevos partidos y ni siquiera un diseño nuevo de partidos, menos aún un problema de colores, cancioncitas y popularidad, todo el mundo político con el que acontecemos, sus significados y posibilidades carecen ya de funcionalidad y sentido.
Es más, este mundo roto (ver El hombre roto) no es propicio para lo político, tampoco para la libertad, el pensamiento, la deliberación, el acuerdo y la acción políticos, lo es propio de fines de mundo, para la barbarie y la sinrazón.
Nuestra supuesta adultez democrática no inauguró una verdadera ciudadanía ni una renovada y responsable participación política, entronizó a charlatanes, mercanchifles, populistas y negocios de encuestólogos, asesores de imagen y estrategas electoreros, todos merolicos de plaza.
El obradorato no llegó por generación espontánea, tampoco por mérito exclusivo, fue producto de una descomposición política de más de medio siglo.
No es pues un problema de voluntad, de nuevas organizaciones políticas o de salvadores extranjeros, es cuestión de un pudrimiento del mundo político a nivel global y de un fin de época.
Claro, nadie quiere escuchar esto porque la solución exige algo que los propios políticos se niegan a admitir: nuevas formas de pensamiento, comunicación, organización y participación políticos, un nuevo modelo de ciudadano y de democracia, una sociedad mejor organizada y responsable, un poder financiero normado, una seguridad pública efectiva y, sobre todo, políticos verdaderos.
Súmele a ello que hoy los que están en el poder lo comparten con el crimen organizado y un lumpen burocratizado del que aseguran lealtad, dígame quién de los tres estaría dispuesto a ceder democráticamente el poder.
Jefferson lo dijo, no vamos a ser gobernados por arcángeles, así que tenemos que amarrarles las manos, pero la democracia sin calificativos solo tuvo ojos para arcángeles, confundió el burdel y sus meretrices con el convento y las monjas… y llegó López.
Lo demás es hoy ya lo de menos.
#LFMOpinion
#Parreshia
#SomosMexico
#Mundo
#Politica
#Mundanidad
#Obradorato
Comentarios