PARRESHÍA

Gobierno

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Grave daño ha hecho a lo político su extravió en la popularidad y la necesidad de exhibición y fausto.

Gobierno y todos sus derivados lingüísticos vienen de gobernalle, es decir de timón. El manejo del timón en un navío no solo asegura su destino sino también su supervivencia, demanda responsabilidad de la tripulación, la carga y la nave misma, implica unas capacidades, liderazgo y esfuerzos singulares. Es de tal magnitud su exigencia que se le demandaba al timonel hundirse con el barco si fallaba en su delicada encomienda.

El gobernante, en tanto encargado del rumbo de la Re-pública (cosa pública), es responsable de su orientación y existencia, y como el capitán del barco debiera ser castigado por las fallas en su desempeño, no al grado de hundirse con la embarcación, pero sí de pagar por los daños que cause.

Las decisiones de un gobernante involucran a todos o a amplias franjas de la población, pueden costar vidas, como la pandemia y los abrazos al crimen, libertades y derechos, como las contrarreformas constitucionales, y condiciones de vida, como el destrozo de los servicios de salud y educación, la Hacienda pública o el respeto internacional.

Grave daño ha hecho a lo político su extravió en la popularidad y la necesidad de exhibición y fausto. Hoy el gobernante es una vedette producto de la publicidad degradante, de implantes, disfraces y mentiras, navega a la deriva de las encuestas, sin puerto de destino y en la más absoluta de las irresponsabilidad.

Habría que empezar por la palabra y llamar de otra manera esto que nada tienen que ver ya con gobierno.

#LFMOpinion
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#Gobernalle
#Responsabilidad




Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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