PARRESHÍA

Que la Nación se lo demande

Que la Nación se lo demande

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No queda más que despertar al constituyente original.

No cumplas con la norma, eso es lo que te estoy diciendo”, instruyó en público la presidente a un funcionario federal.

Lo que vimos fue una violación a la Constitución en flagrancia y pública.

Nadie puede negarlo por más que intenten justificarlo o distraerlo tratando de revivir algún pasado favorito, metiendo a alguien a la cárcel o haciendo hablar a las piedras.

La violación es directa y fehaciente a la Constitución que ni cumple ni hace cumplir; no cumplir con la norma, así en genérico, es no cumplir con cualquiera, empezando por aquella de la que derivan todas.

En estos casos, la Constitución no remite a fiscalías ni jueces, sino a la Nación que debe demandárselo. Y no es olvido, ni frase sagrada, es sabiduría política: cuando quien ocupa la titularidad del poder Ejecutivo de la Unión ni cumple ni hace cumplir la Constitución, cuando ordena no cumplir la norma, es obvio que ordenará lo mismo para con su persona y que los funcionarios que sufren su tiranía no podrán ellos mismos cumplirla contra su persona, de suerte tal que no queda más que despertar al constituyente original, La Nación, para, ante la no vigencia de la norma ni los poderes constituidos, constituir inmanentemente una nueva Constitución del ser nacional y de su norma suprema.

No exagero.

Ningún otro camino nos queda.

Al tiempo.


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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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