Que la Nación se lo demande
“No cumplas con la norma, eso es lo que te estoy diciendo”, instruyó en público la presidente a un funcionario federal.
Lo que vimos fue una violación a la Constitución en flagrancia y pública.
Nadie puede negarlo por más que intenten justificarlo o distraerlo tratando de revivir algún pasado favorito, metiendo a alguien a la cárcel o haciendo hablar a las piedras.
La violación es directa y fehaciente a la Constitución que ni cumple ni hace cumplir; no cumplir con la norma, así en genérico, es no cumplir con cualquiera, empezando por aquella de la que derivan todas.
En estos casos, la Constitución no remite a fiscalías ni jueces, sino a la Nación que debe demandárselo. Y no es olvido, ni frase sagrada, es sabiduría política: cuando quien ocupa la titularidad del poder Ejecutivo de la Unión ni cumple ni hace cumplir la Constitución, cuando ordena no cumplir la norma, es obvio que ordenará lo mismo para con su persona y que los funcionarios que sufren su tiranía no podrán ellos mismos cumplirla contra su persona, de suerte tal que no queda más que despertar al constituyente original, La Nación, para, ante la no vigencia de la norma ni los poderes constituidos, constituir inmanentemente una nueva Constitución del ser nacional y de su norma suprema.
No exagero.
Ningún otro camino nos queda.
Al tiempo.
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