PARRESHÍA

Océano de noche y tormenta

Océano de noche y tormenta

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México va al garete mientras el horizonte se viste de tormentas.

El oleaje juega con la nave como el gato con el ratón, las jarcias están rota e inservibles, el velamen hecho jirones, hacemos agua y el timón hace tiempo se perdió en las profundidades del infinito ponto.

La presidente da tumbos contra las paredes de su laberinto que oscila en permanente terremoto y derrumbe. No hay semana que sea arrasada por coyunturas que les son ajenas y contrarias: cuando no es Andy y sus berrinches, es Trump y sus piropos envenenados; cuando no son Noroña o Macedonio, son Adán, Cháves o Alcalde; cuando no es Jesús Ramírez, son Nahle, Layda o José Ramón el vacacionista. Rosa Icela hace palidecer a la nada, los ministros del acordeón no hay ocasión que no hagan ostentación de su estulticia; la Montiel y su Sancha Citlalli rebozan el caldero en el que preparan un aquelarre morenista de proporciones apocalípticas; López, en una más de sus proverbiales traiciones, no salió en su defensa, pero sí en su contra. Hasta Rocha Moya se sintió con arrestos para picarle los ojos.

Y mientras los motines morenos ocupan todo su tiempo y atención, los mexicanos no vemos rumbo: México va al garete mientras el horizonte se viste de tormentas.

Pero Sheinbaum prefiere pelearse con Riva Palacio, García Soto, García Luna o Fernández Menéndez, ¿para qué intentar gobernar lo ingobernable?

El bastón de mando fue uno de pastorcita de la borregada propia e irredenta, no de estadista con posibilidad de futuro.

Algunos escriben Ilíadas sobre ella (Zepeda Patterson) donde solo hay supervivencia que se arrastra entre la suerte y la chiripa, y las malas consciencias, haberes y cobardías de sus compañeros y enemigos dentro de su movimiento.

No deja de ser paradójico, oposiciones fuera de sus filas no tiene, pero las guindas le sobran para hacerle imposible todo intento de gobierno; vive a la deriva, va vapuleada y a la defensiva, mejor dicho, la llevan vapuleada como frijol en olla, no va por voluntad ni fuerza motriz propias; sus distractores la distraen más a ella de sus obligaciones políticas y constitucionales de gobernar, que a sus destinatarios para no poner atención en el rosario de los descalabros de su gobernación. Aparentemente tiene todo el poder, pero en realidad su poder va en camino a serlo sobre un madero de naufragio perdido en lo infinito de un océano de noche y tormenta.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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