PARRESHÍA

Traición o libertad

Traición o libertad

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La traición, sí, es producto del libre albedrío del ciudadano, pero lo combatible y penable es la acción concreta de traicionar, la libertad hecha acto de traición; no la libertad como potencia de pensar, decidir y actuar ciudadana.

De un tiempo a la fecha la traición a la patria se volvió, pudiésemos decir, un delito ordinario, compartido y cotidiano, por lo menos en sus menciones y referencias.

Cuando fui niño, la traición a la patria era lo peor que pudiese suceder, alineaba con los grandes enemigos y monstruos de nuestra historia, el solo pensarlo helaba la sangre en un país que se desangró más de un siglo en guerras intestinas e invasiones.

Pero hoy se mienta traición como quien dice “hola”, el tema no es menor, la palabra crea o, como diría el oráculo de Delfos, “cuida lo que deseas”.

Puedo entender que lo estrecho del razonamiento de Noroña y la mayoría de sus compañeros legisladores y de Movimiento no les dé para utilizar otros vocablos y realidades en tribuna, tras repetir lo mismo por ocho años, pero aún así la traición es muy grave para jugar como con canicas.

El hecho es que para efectos prácticos hoy México, por lo menos en la narrativa chaira, está poblado y amenazado en tiempo real por millones de traidores. Cuál no será la emergencia que se publican listas negras, se amenaza en defensa de unas audiencias que solo ven locura desbordada por gobierno, desde el INE se pretende prohibir el sarcasmo y se amenaza a periodistas públicamente desde el Senado de la República.

La tradición dice que Dios creó al hombre libre para que decidiera entre el bien y el mal; la traición, a todas luces un mal, es por lo tanto un ejercicio de libertad, como el de Adán y Eva al comer del fruto prohibido. Y desde allí empieza el problema, porque si bien la traición debe prohibirse y sancionarse, cuando realmente lo es, abusar de ella como pedrito abusó con el “ahí viene el lobo”, corre el riesgo de no castigar la traición sino la libertad misma.

En otras palabras, es posible la traición siempre, como lo es el mal, pero de allí que a todo y a todos se acuse de traición no es realmente combatirla, es utilizarla como excusa para acabar con la libertad del hombre.

La traición, sí, es producto del libre albedrío del ciudadano, pero lo combatible y penable es la acción concreta de traicionar, la libertad hecha acto de traición; no la libertad como potencia de pensar, decidir y actuar ciudadana. Y Obvio, sin libertad no hay ciudadanía posible, así que acabar con la libertad es acabar con lo ciudadano y, por ende, con lo político. Imagínese usted unas elecciones en el 27 donde fuera de las casillas los Siervos de la Nación, convertidos en “Comités de Sanidad Política contra la Traición”, arresten ciudadanos antes de votar por “parecer” traidores a la patria. Suena a fantasía, pero así empezó La Solución Final de Hitler.

Frente a un remoto supuesto de traición presidencial por doble nacionalidad, están a punto de cercenar el derecho político a ser votado y se castiga, no un acto fáctico de traición, sino el hecho fortuito de nacer bajo dos derechos nacionales que, hoy en México, ese derecho está por convertirse en delito punible y sospecha de traición.

¿Se combate la traición o la libertad?

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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