PARRESHÍA

¿Mandato o mando?

¿Mandato o mando?

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A este diseño no se llegó por ocurrencias ni cálculos electoreros ni partidarios, sino por patria y cruenta experiencia.

En una República representativa y democrática que ejerce su soberanía a través de los poderes de la unión, quien ocupa la titularidad el poder Ejecutivo es jefe supremo de todos los ramos a su cargo: gobernación, salud, educación, Fuerzas Armadas y si me apuran hasta cárceles.

Por otro lado, sé bien que ese diseño constitucional es hoy ya una caricatura de horror, pero la obsesión de la presidente Sheinbaum por ostentarse como Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, incluso por sobre lo que fue la división de poderes en México, obliga a su análisis.

El tema no es de gustos ni de modas, en política la forma es fondo: quien preside ocupa un lugar preeminente por mandato y responsabilidad democráticos; quien comanda tiene mando, no mandato.

Las Fuerzas Armadas son producto de un México bronco que costó mucha sangre y tiempo civilizar, son pues el orgulloso fruto de un esfuerzo civilizatorio, de infinidad de equilibrios, preclaras inteligencias y hombres y mujeres patriotas. Leales a la República y bajo el mando del poder Ejecutivo federal, las Fuerzas Armadas quedan sujetas al orden constitucional y legal, y a su salvaguarda por el poder Judicial. A este diseño no se llegó por ocurrencias ni cálculos electoreros ni partidarios, sino por patria y cruenta experiencia.

Sí, la presidente es el mando supremo en las Fuerzas Armadas, pero sujeta ella misma a la Constitución. Similar es el caso para con la hacienda pública, la salud o la educación, lo cual implicaría ostentarse por igual como embajadora suprema, doctora suprema o para el caso en suprema carcelera.

No hay mandato superior en México, ni igual ni equiparable, al de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, salpimentarlo con otros implícitos, sin demérito de lo muy honrosos que puedan ser, es, por decir lo menos, desdorarlo, y, ¡Dios no lo quiera!, condenarlo a acompañar a nuestra difunta división de poderes.

Sin implicar nada más allá, solo recuerdo que Hitler fue electo canciller y tras enterrar el cargo y la democracia se erigió en Führer.

Las palabras crean.



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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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