SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL

AYUDA HUMANITARIA III

AYUDA HUMANITARIA III

En la última ocasión que di una conferencia en Acapulco, sobre mi experiencia de sobrevivencia en el Everest, tuve el ánimo de hacer una “nadadita” de una hora en el mar de la bahía. Al día siguiente de mi participación, muy temprano por la mañana, me plantee en la playa de la Condesa a buscar algún prestador de servicios de jet ski. Encontré uno, como que vivía ahí, en una hamaca de al lado. Le pedí que me rentara una por una hora y que alguno de sus ayudantes me acompañara. Me contestó que no necesitaba a alguien para conducirle; y agregué que iría en el botecillo por allá al fondo de la bahía, hasta la distancia de aquél faro diminutivo que apenas se podía ver en el horizonte, y que de ahí regresaría nadando. Soltó la risa, y yo con él; pero no me bajó la tarifa.

Aseguró que en una hora no estaría de vuelta y yo le aseguré lo contrario. Solo le solicité algo de grasa para el cuello y las axilas, que como desde luego no tenía, me permitió usar la del motor que fue efectiva por su densidad. Me arranqué y le dije, nos vemos en menos de una hora.

Y así fue. Aunque apenas llegué, como un par de minutos antes. Pero eso sí, no me pudo cobrar la hora extra. Ellos, por su parte, los lancheros y público que de la nada salieron, ya habían corrido las apuestas a que no llegaría en la hora.

Toda esta historia viene a cuento para establecer, que aun en circunstancias de plena condición física, uno debe estar atento a los riesgos inherentes a las actividades que desarrollamos. La insistencia de llevar a un conductor del jet ski respondía a la necesidad de ir protegido, de tener custodia en la superficie, de evitar ser arrollado por alguna embarcación que se cruzara en mi camino – o yo en el suyo.

Cuando tenemos la oportunidad de interactuar con las fuerzas formidables de la naturaleza, como es el mar, resulta conveniente e imperativo planear con la mayor seguridad al alcance lo que se va a hacer. Disminuir los riesgos, ir protegido, guardarse precavido. Pues bien, esto es similar a la protección civil, solo que ésta llevada de manera sistemática y procedimental al día a día de nuestras vidas, alrededor de rutinas comunes y de incidentes repentinos en la esfera personal, familiar, académica, laboral, comunitaria y social que desarrollamos: más todavía si es por la presencia de un fenómeno natural.

La protección civil es prevención, requiere planeación esmerada, coordinación y práctica, demanda preparación conjunta y grupal. La protección civil más efectiva es esa que uno anticipa, que para ayudarnos a nosotros mismos y a aquellos que a futuro, bajo un incidente desafortunado que pudiese sobrevenir, deban o puedan extender auxilio, facilitemos su trabajo – o de perdida, se los agilicemos.

Una primera recomendación es llevar consigo identificación y tarjeta de sobrevivencia con los datos vitales: tipo de sangre, alergias, enfermedades diagnosticadas, datos de contacto o de emergencia.

Y en el caso que sea uno el que deba asistir, entonces, conocer de Primeros Auxilios. Que no es lo mismo asistir a una víctima en una ciudad que en el mar, una montaña, el desierto, en fin. Inclusive difiere la modalidad de una ciudad a otra, como entre la Ciudad de México versus Nueva York, o hasta en una misma ciudad, como de la calle a un edificio o un centro comercial, en las guarderías, escuelas, oficinas, talleres, etc. Así es que la protección civil se ha hecho especializada, al grado que guarda protocolos generales y específicos, cuyo fin último es mantener la integridad física y mental de las personas, preservar la vida de todos o cuando menos la mayoría.

Para aprender a ayudar son múltiples las formas hoy en día, solo se requiere de voluntad.

Te invitamos a que te informes sobre los protocolos aplicables y vigentes en tu casa, colonia, escuela, centro de trabajo, club deportivo, cine, teatro y lugares a los que acudas. Para poner especial atención en aquellos cerrados, aglomerados y que no conoces: tu primer deber es visualizar los puntos de reunión, salidas de emergencia, señalamientos, extintores, ubicación del equipo de primeros auxilios y más. Siempre, manteniéndote alerta, que cada segundo cuenta en los momentos de urgencia.

Nunca se sabe si los deberás utilizar, ni cuándo podrías utilizarlos; y cuanto más debes estar preparado y listo para actuar.

“Las grandes oportunidades para ayudar a los demás raras veces vienen, pero las pequeñas nos rodean todos los días.”

- Sally Koch –


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Hugo Rodriguez B.

Hugo Rodriguez B.

Nací en Tlalpan, Distrito Federal y cursé tres licenciaturas: en Comunicación, en Derecho y en Economía. La Maestría en Administración y el Doctorado en Ciencias. Adicional a mis actividades académicas, destaqué en los ámbitos deportivo y profesional. Deportivamente, ascendí en dos ocasiones al Monte Everest y soy el único ser humano que sobrevivió una noche en las inmediaciones de la cumbre sin oxígeno, tienda de campaña ni sleeping bag, situación de sobrevivencia que me fortaleció en disciplina y determinación para lograr todo lo que me he propuesto en la vida. Adicionalmente crucé a nado en dos ocasiones el Canal de la Mancha. Además tengo el récord mundial de larga distancia en nado de mariposa de 70 kilómetros de Cozumel a Cancún. Fui galardonado con el Premio Nacional del Deporte en 1986 y el Deportista del Siglo en el año 2000 (con 55 deportistas más de diversas disciplinas). He sido considerado como uno de los deportistas de extremo y alta resistencia más destacados del mundo.

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