SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL

AYUDA HUMANITARIA IV

AYUDA HUMANITARIA IV

Foto Copyright: revistaoxigeno.es

Fue en la primera expedición al Monte Everest cuando íbamos descendiendo por quinta ocasión a través de la Cascada de Hielo rumbo al glaciar del Khumbú en donde se instala el Campamento Base. La Cascada de Hielo es uno de los tramos más peligrosos en la ruta, debido a que en el mes de mayo, los rayos de sol derriten la nieve y el hielo alojados en las laderas de las montañas aledañas – el Loh La y el Nuptse – ocasionando mortales avalanchas, así como los bloques de hielo que conforman la ruta por la que se mueven los montañistas en la propia cascada, provocando el colapso de seracs y paredes sin previo aviso.

Bajaba rápido con Carlos y Luis Javier. Apenas habíamos cruzado un tramo de la cascada, no llevábamos mucho tiempo de avance, circulábamos casi pegados a la pared del Lho La. También iba un Sherpa de algún otro grupo, en formación india los cuatro. De pronto se escuchó un trueno, fuerte, desde arriba, seguido del sonido de algo que caía velozmente: un rugido sonoro. Sabíamos que era una avalancha. Levanté la vista buscando con ansiedad por dónde venía, esperando que fuese lejos de donde nos encontrábamos; que viniese del Nuptse, del lado contrario a nuestra posición. Pero venía exactamente por arriba de nosotros, como si viésemos el techo con la frente completamente levantada de una bóveda muy alta. La nieve venía cayendo, y mucha, por toneladas. No había hacia dónde moverse, ni para qué correr. Nos aseguramos a la cuerda fija que teníamos a los pies. El Sherpa se sentó clavando los crampones de lado, respetando la pendiente del serac, del bloque de hielo en el que estábamos. Mi mente en blanco, sin creer lo que veía, eso que pasaba. Si acaso un extraño hormigueo en esa mente incrédula.

- ¿Por qué a nosotros? -

Perplejos esperábamos lo desconocido, quizá el fin. No sabíamos cómo sería, ni lo qué pasaría. La avalancha se acercaba y arrasaba con más nieve a su paso.

- ¿Era lógico mantener la vista hacia arriba, o mejor, esperar al resultado con la cabeza abajo? –
- Sería rápido, sería pronto. No más preguntas, la montaña decidiría, no había nada qué hacer. Ese día podría ser el fin. -

Cayó a unos 200 metros de nosotros, o a 100, o menos. Nunca lo sabré. La nieve, sus cargas enormes caían dentro de las grietas de la cascada, salían y entraban a las grietas siguientes de abajo, avanzaban como olas que reventaban una tras otra; y no parecía que fuese a parar. Precipitadamente nos envolvió una ola grande de nieve, contuvimos la respiración y acabamos bajando más la cabeza, tratando de romperla desde el fondo. Todo se nubló, muy rápido. La nieve pasaba por arriba, como si fuese una tormenta, y seguíamos sin saber qué vendría. Su fuerza nos jalaba sin reventar la cuerda. Esperamos resignados.

Afortunadamente no nos cayó su peso, sólo los residuos, la cola de la avalancha. Había perdido potencia en las grietas. Quedamos cubiertos de nieve, azorados. Nadie dijo una palabra, estoy seguro de que nos ocupábamos en agradecerle a Dios, en silencio desmedido, como niños que se golpean y en vez de llorar tratan de indagar qué fue lo que pasó.

En México no estamos expuestos a avalanchas, si acaso a aludes de lodo, pero ello ejemplifica la fuerza de la naturaleza en momentos que coloca al ser humano en su verdadera dimensión: su evidente insignificancia.

Pero padecemos año con año de ciclones, huracanes, inundaciones, incendios, sismos. Y es así que surgen víctimas y damnificados, en mayor proporción entre la población con menores recursos. Ante ello, desde 1965, nació el Plan DN-III-E que coordina el Ejército Mexicano y la Fuerza Aérea, con la encomiable labor de desplegar un plan de acción coordinado para la “búsqueda y rescate de personas, evacuación de comunidades en riesgo, administración de albergues, recomendaciones a la población, seguridad y vigilancia de las áreas afectadas.”

De los planes y programas diversos del gobierno mexicano, éste es sin duda uno de los más apegados a la esencia humana misma, un ejemplo concreto de ayuda humanitaria y sobre todo la muestra palpable de la existencia de los valores universales más extraordinarios de los mexicanos.

Más aún, que no se limitan a lo anterior, sino que despliegan una serie de actividades para preservar la vida e integridad física como: puentes aéreos, células de servicio médico y odontológico, preparación de alimentos, células de búsqueda, salvamento y rescate, células de limpieza, saneamiento, de ingenieros, seguridad, con plena coordinación con autoridades civiles de los tres niveles de gobierno y organizaciones no gubernamentales.

En México tenemos cuantiosos logros e instituciones de los que nos debemos sentir orgullosos como mexicanos: y uno de ellos es el Plan DN-III-E.

“Un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.”

- Gabriel García Márquez –



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Hugo Rodriguez B.

Hugo Rodriguez B.

Nací en Tlalpan, Distrito Federal y cursé tres licenciaturas: en Comunicación, en Derecho y en Economía. La Maestría en Administración y el Doctorado en Ciencias. Adicional a mis actividades académicas, destaqué en los ámbitos deportivo y profesional. Deportivamente, ascendí en dos ocasiones al Monte Everest y soy el único ser humano que sobrevivió una noche en las inmediaciones de la cumbre sin oxígeno, tienda de campaña ni sleeping bag, situación de sobrevivencia que me fortaleció en disciplina y determinación para lograr todo lo que me he propuesto en la vida. Adicionalmente crucé a nado en dos ocasiones el Canal de la Mancha. Además tengo el récord mundial de larga distancia en nado de mariposa de 70 kilómetros de Cozumel a Cancún. Fui galardonado con el Premio Nacional del Deporte en 1986 y el Deportista del Siglo en el año 2000 (con 55 deportistas más de diversas disciplinas). He sido considerado como uno de los deportistas de extremo y alta resistencia más destacados del mundo.

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