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La Recuperación

La Recuperación

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Nuevo mundo.

El panorama es desolador. Un microscópico virus ha provocado muerte, enfermedad, cuarentenas y enclaustramientos; cierre de negocios y mínima actividad económica, recesión y pobreza en pleno siglo XXI.

Los muertos se cuentan por miles y la separación de familiares y amigos ha sido particularmente dolorosa. Es cerrar puertas para nunca volverlos a ver, ni siquiera poder abrazarlos al final.

Jamás hubiera yo creído que esta realidad superara los miedos de las mejores novelas de ciencia ficción. En El Hombre Ilustrado, los tatuajes cobran vida y las historias martirizan al hombre de día y de noche como en esta pandemia. 1984 es superada por la cotidianidad actual. Un Mundo Feliz, una de mis preferidas, rompe con prejuicios adelantándose al uso del soma moderno mientras que la felicidad que se impone por decreto, se manifiesta hoy de nueva vieja forma.

¡Qué paradoja! El orgulloso hombre moderno, epítome de la ciencia y la tecnología, el conquistador del infinito y el progreso, el de las naves espaciales, ha sido doblegado hasta darse cuenta que no tiene insumos e instrumentos suficientes para enfrentar lo desconocido: aún no hay vacunas, ni tratamientos de comprobada eficacia, ni ventiladores, ni medicinas adecuadas, ni suficientes médicos especialistas, ni enfermeras.

En el tratamiento disponible para evitar la infección, la limpieza con agua y jabón ha sido la mejor sugerencia médica. Más la reiterada importancia de cubrirnos la cara y no tocarnos, guardar distancia, separarnos.

En fin, nos hemos dado cuenta, otra vez, de nuestra enorme ignorancia y desprotección para enfrentar con éxito lo invisible.

Además, en la encerrona muchos han enfermado de ansiedad, de aburrimiento, de saudade, de noia, de tedio, de violencia. De desesperanza. Clérigos y pastores han dudado mientras sólo algunos verdaderos amores se fortalecen.

En este tiempo, los ladrones se guarecen o aparecen en las redes, los asesinos siguen su rutina encubiertos, los maestros ensayan nuevas formas de comunicación y enseñanza, los periodistas, como casi siempre, escandalizan, tergiversan y manipulan, los políticos se equivocan de cabo a rabo y los niños se refugian en las abuelas mientras las sufridas madres piden un poco de paz desde las interminables labores del hogar.

Los médicos y enfermeras son los que están en el frente de la pandemia, estudiando, analizando, curando y dando su propia vida con tal de salvar la de los demás.

Sin embargo, a contracorriente, en algunos pueblos y regiones, la ignorancia es mayúscula y no permiten que lleguen las brigadas blancas porque dicen que traen la infección con ellos. ¡Y escupen y apalean a las enfermeras!

Al mismo tiempo, encerrarnos y reducir nuestras actividades diarias ha contribuido a limpiar el aire, a tener mares menos contaminados, a dejar respirar más libremente a las aves, los mamíferos y los peces; en pocas palabras: a reducir la depredación humana.

Ciertamente, en esto de la pandemia no todo ha sido de un único color, de un único matiz. Se sabe de tristeza y miseria, pero también de actos heroicos y admirables.

Dicen los que saben, que históricamente hay dos momentos en la recuperación. Uno, cuando cesan las muertes de aumentar por la misma epidemia y se cuentan más los contagiados reestablecidos que los fallecidos y Dos, cuando retomamos la confianza y por necesidad abrimos la economía, oteamos el horizonte y decidimos empezar a trabajar para producir y distribuir en la agricultura, la industria y el comercio.

Cuando nos damos cuenta que la vida mayormente vale la pena si nos reconocemos en una sola raza e ignoramos las diferencias de nacionalidad, sexualidad, color, religiosidad y otras actitudes discriminatorias.

Pues bien, en Europa se están abriendo negocios y la gente empieza a salir de la encerrona. En China, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Australia, por ejemplo, la gente ya regresó a sus actividades normales antes de la pandemia; sin embargo, nos enteramos que, a pesar de todo, hay nuevos brotes y contagios de Covid-19 en zonas ya declaradas limpias.

Por su parte, en la mayoría de los estados de los EUA, ya se ha autorizado la reapertura de negocios con medidas higiénicas precautorias y sana distancia. En California ya se vislumbra el término de la cuarentena. No así en Nueva York, donde ha sido muy complicado aplanar la curva, como ahora está de moda decir.

Para nosotros, la cuestión fundamental en las estrategias de regreso a la “normalidad” es evitar que la pobreza y las carencias abonen al número de fallecimientos. Vaya, que salga más caro el caldo que las albóndigas.

Entonces, de un lado y del otro se comparan cifras de pérdidas por influenza, infartos, cánceres y otras enfermedades más o menos comunes.

Ya habrá tiempo de retomar los esfuerzos de investigadores y médicos para combatir esos males y prolongar las expectativas y la calidad de vida de amplios sectores de la población cuando acabe la pandemia.

Cuando lo urgente no sea combatir prioritariamente está infección.

En México, como se ha anunciado, se trata de mejorar la salud, la economía y el bienestar de la población, con énfasis en el grupo más desvalido y pobre, en el marco de esta crisis ‘transitoria’, aunque en verdad puede quedarse mucho tiempo entre nosotros, cuando menos hasta que se encuentre una vacuna eficiente y eficaz.

Al respecto, la 4T ha subrayado las siguientes líneas de acción:

-No aumentar la deuda pública en términos reales.

Creo que este propósito pudiera modificarse, en la medida del crecimiento de las enormes necesidades sociales y considerando que nadie está reñido con sus propios intereses y en vinculación con los siempre escasos recursos disponibles frente a la magnitud de las carencias.

No es necesariamente equivocada una política de deuda, siempre y cuando se destine a promover las actividades productivas que impulsen la economía y no a pagos de pasivos o a aumentar las bolsas de políticos corruptos.

-No aumentar precios de combustibles.

Lo que bien se justifica por su efecto en los costos de operación y en el aumento generalizado de precios.

-Reducir la dependencia de gasolinas y otros refinados del extranjero y bajar la carga fiscal de Pemex.

Para ello se modernizan las 6 refinerías principales del país y se continúa con la construcción de Dos Bocas, lo que es también motivo de polarización entre distintos grupos interesados.

Lamentablemente, de haberlos, se verán resultados positivos al respecto a mediano plazo.

-Aumentar la inversión pública y los programas de bienestar, que inciden en el aumento del consumo de las familias.

Se requiere asimismo la importante e indispensable participación del sector privado en nuevas inversiones, creación de empleos y apoyo en los proyectos macro como Dos Bocas, Tren Maya y el aeropuerto Felipe Ángeles, la comunicación Coatzacoalcos-Salina Cruz, nuevas inversiones en ambas fronteras y en la zona sur- sureste del país de creciente pobreza, así como en áreas suburbanas de las grandes ciudades, en sistemas de riego y agua potable, comunicaciones, construcción de viviendas, hospitales y escuelas.

Se trata de reactivar la economía y que la crisis no destruya la economía popular, lo que se escribe y se dice mucho más fácil de lo que es.

Se requieren apoyos gubernamentales, de banca de desarrollo e instituciones financieras internacionales y nacionales a las empresas, especialmente a las micro, pequeñas y medianas, tal vez reducir temporalmente el IVA, y programas de millones en estímulos y préstamos con bajas tasas de interés.

La recuperación no será nada fácil. Y un pacto social, dejando atrás las descalificaciones entre el gobierno y los medios informativos tradicionales que son expertos en la manipulación y que tanto daño ha hecho al país, pudiera ser de gran utilidad para beneficio de todos.

Como referencia, vale la pena recordar la gran depresión de 1929-33, con altas tasas de desempleo y caída en la producción y el liderazgo de políticos comprometidos en resolver la crisis.

Hay que subrayar que como consecuencia de la pandemia se estiman caídas en el producto de los EUA en cerca de -6%, en Alemania y Francia de -7%, en Italia de menos 9 %, en España de -8%. En México de -6.6%.

Es decir, habrá, desde luego, significativamente menos bienes y servicios para satisfacer la creciente demanda mundial.

Al mismo tiempo, el desempleo se estima en alrededor de 20 a 25 millones de estadounidenses y de 500 a 600 mil mexicanos, más el 1.5 millón necesario para romper la inercia del nulo crecimiento .

Ante este panorama, cabe recordar con singular atención, que los programas de reactivación más arriesgados suenan consecuentes cuando estamos más desesperados.



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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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