RAÍCES DE MANGLAR

Racionalizando lo irracional

Racionalizando lo irracional

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Resistencia a lainterpretación.

Como comunicólogo me he enfrentado al rompimiento continuo de paradigmas: al parecer el único principio que no cambia es aquel que dicta que todo cambia. Hacer un análisis sobre la información de masas es una tarea que requiere evitar el dogmatismo. Para abordarlo es necesario contextualizar y a la vez delimitar, lo cual pareciera fácil cuando tratamos con una noción relativamente nueva, reciente; pero su significado, como todo proceso social, abarca infinidad de matices.

Por ejemplo, para Abraham Moles la comunicación es una quintaesencia proveniente del entorno, es decir, que el hombre se comunica porque se ve obligado por el ambiente en el que crece y dentro de este ambiente se crean los códigos que han de regir su apreciación de la realidad. Por el simple hecho de ser humanos, algunos códigos son entendidos por otros sujetos que pertenecen a otros ambientes de manera natural; sin embargo, la intuición no le ofrece certidumbre y es entonces cuando aprecia con unicidad lo que otros aprobarían diferente.

Para Moles, los órganos vitales que componen la comunicación son el emisor, el receptor, el canal y el mensaje. De aquí parte su enfoque en una estimulación material o social dependiendo de la naturaleza de las circunstancias. Como ejemplo de estímulo social está el lenguaje, debido a que se rige por convención. Del lado opuesto, los estímulos materiales se entienden por aquello que se aleja de lo abstracto y que por lo tanto tiene su punto de partida a través de los sentidos.

En cuanto a la interpretación de la información en una población amplia y creciente, es necesario que quien emite tome en cuenta el contexto de dicha población si es que desea es que su mensaje tenga una interpretación uniforme. Además de lo anterior, el mensaje debe tomar en cuenta no sólo estas características sociales, culturales, ideológicas y políticas, sino también la vigencia de su contenido.

Es necesario advertir que las nociones de Moles son un tanto ambiguas, pues se apegan a las convenidas por los primeros teóricos de la comunicación de la escuela estadounidense, a pesar de manejar sus factores como un enjambre que se diversifica poco a poco, características pertenecientes al estructuralismo.

Umberto Eco es más específico al declarar que “la estructura es un modelo construido en virtud de operaciones simplificadoras que permiten unificar fenómenos diversos bajo un único punto de vista”, es decir, que para empezar a comprender un mensaje es necesaria una exposición gradual y ascendente de diversos componentes que van de lo particular a lo general y que convergen en un punto de vista dado.

Visto desde el ángulo que ofrecen los medios, la comunicación se consagra no por la emisión del mensaje en sí, sino más que nada por la interacción de sus partes: desde los medios mismos hasta los sujetos que intervienen en dichos fenómenos. Es así como adquiere un significado la información, a través de las interacciones.

En el caso de la publicidad, entiendo estas nociones como la suma de cada connotación para resultar en una única interpretación con cualidades simplificadas. En conclusión, la sencillez del mensaje está supeditada a convenciones dadas por la sociedad y por el contexto de los sujetos a quien va dirigido. La interpretación de la información masiva sólo se da si se siguen estos parámetros que, lamentablemente, demuestran cierta resistencia al análisis y racionalización de los mensajes.

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Francisco  Cirigo

Francisco Cirigo

En su novela Rayuela, Julio Cortázar realiza varios análisis sobre la soledad, exponiéndola como una condición perpetua, absolutamente fatal. Dice que incluso rodeándonos de multitudes estamos “solos entre los demás”, como los árboles, cuyos troncos crecen paralelos a los de otros árboles. Lo único que tienen para tocarse son las ramas, prueba inequívoca de la superficialidad de sus relaciones. Las personas somos como árboles y nuestras relaciones son ramas, a veces frondosas y frescas, a veces secas y escalofriantes, pero siempre superficiales. Nuestros troncos son islas sin náufragos posibles.

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