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Planes y propósitos

Planes y propósitos

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Presupuesto.

El maestro Oribe Alba, de grata memoria, insistía en que la Planificación es la razón de ser, consustancial a la organización de la nueva sociedad, del socialismo.

En ese tiempo de estudiante disfruté las posibilidades teóricas de esa utopía, de mi participación y pasión en el nuevo mundo.

Soñé con un país más justo y equilibrado, sin dominación imperialista, con equitativa repartición del ingreso y la riqueza. Con democracia y menos pobreza.

Aunque también, es justo ponderar, le veía muchos asegunes relacionados con la libertad, las oportunidades y capacidades, por ejemplo.

Conforme pasó el tiempo, escuché una declaración de Oribe sobre su arrepentimiento por haber promovido tanta ilusión lejana a la realidad en varias generaciones universitarias y haber sellado su destino con una inverosímil variedad de buenas intenciones sin sustento ni posibilidades reales de éxito.

Creo que ello fue durante la época del presidente Salinas, cuando se pusieron a revisión los fundamentos de la sociedad e intervención del Estado en la economía a partir del modelo monetarista de Milton Friedman, la influencia de la Primera Ministra Margaret Thatcher y la consecuente época de Reganomics.

Fue cuando aparecieron anuncios en los periódicos solicitando economistas para el mercado de trabajo, “menos de la UNAM”.

En venganza recordé que mucho más había yo disfrutado las clases de su hermana Diana, menos presuntuosa y mucho más atractiva, cuando en ocasiones lo sustituía.

Cabe sin embargo reconocer que mucho quedó en mi formación con respecto al tema que siempre me apasionó.

Se trata en realidad, del arte, técnica y conocimiento de cómo mejor distribuir recursos disponibles limitados frente a necesidades y carencias crecientes.

Distribuir con sentido social y óptima eficacia económica.

Se trata de estudiar la importancia, significado, diseño y aplicación del presupuesto tanto de la Nación, como de cualquier empresa y de las familias y decidir con el mejor juicio posible para cumplir metas y objetivos.

La primera consideración obvia es que los recursos disponibles son finitos y en gran parte están de antemano comprometidos. Hay que pagar la hipoteca, la renta, los seguros, las medicinas, los impuestos, por ejemplo.

Habrá que distinguir inmediatamente aquellos ingresos que podemos generar de nuestras propias actividades económicas y sociales, de ahorros e inversiones, del proceso de acumulación y excedentes del exterior que podemos adicionar a nuestro catálogo como deuda externa bancaria y otros empréstitos disponibles en el mercado de organismos internacionales, rendimientos en bolsas de valores, nuevos negocios y herencias, con su respectiva evaluación.

Se trata, en fin, de analizar y planear cómo resolver los problemas de financiamiento del Estado, de las empresas y las familias logrando óptimos resultados económicos.

Determinar la mejor distribución posible del gasto disponible en consideración también a necesidades urgentes, otras eventualidades, epidemias y demás factores indeterminados pero probables.

Es decir, cómo mejor potenciar los efectos multiplicadores y generar riqueza, aún con las limitaciones y variables señaladas.

Por el lado del ingreso, el Estado cuenta con impuestos, derechos, productos y aprovechamientos, además de deuda, interna, externa y a considerar las llamadas Adefas (adeudos de ejercicios fiscales anteriores). Más las llamadas Reservas Internacionales, en custodia en el Banco Central y programas de créditos blandos de instituciones y organismos internacionales, recursos de empréstitos privados y mercados primarios y secundarios de bonos y acciones.

Por el lado del gasto, todo el catálogo de necesidades: salud, educación y cultura, vivienda, seguridad, comunicaciones y transportes, agricultura, ganadería, pesca, bosques, energéticos, redes urbanas, construcción de hospitales, presas, fomento a exportaciones, turismo, recursos para enfrentar catástrofes, sismos, inundaciones. Sueldos y salarios del sector público, gasto para otras contingencias, apoyos al sector privado y subsidios, apoyo a sectores vulnerables como mujeres en peligro y niños desprotegidos. Pago de deuda.

Otra cuestión fundamental a considerar es que en el Estado normalmente se diseñan presupuestos anuales y que cada uno lleva implícito el sello, o las prioridades de interés del régimen. Por ejemplo, a fines de los años 30 del siglo pasado, fue muy importante apoyar la industria petrolera y desde entonces, la educación hacía un sistema gratuito, laico y obligatorio, para acabar con el analfabetismo y la ignorancia de la mayor parte de la población, así como promover la producción nacional y la productividad.

Hoy en día, en la 4T, se trata principalmente de combatir los alarmantes niveles de pobreza y hacer un país menos diferenciado y abatir la existencia de carencias que avergüenzan nuestra incorporación al siglo XXI, como comunidades sin agua potable, sin escuelas, con insalubridad, sin electricidad, sin servicio bancarios, aisladas con falta de caminos y mercados.

En fin, alta marginación con grupos sujetos a prácticas esclavistas y en actividades obligatoriamente fuera de la ley.

Desde luego el impacto y calidad de la planeación y ejecución presupuestal decrece significativamente cuando se mete la mano, se muerde, se le hinca el dedo, al presupuesto; se hacen negocios privados con recursos públicos y prevalece la corrupción para beneficio de unos cuantos, como ha ocurrido comprobada y escandalosamente en las últimas administraciones de nuestro país.

Hoy la 4T ha basado su estrategia presupuestal en un esquema de austeridad para influir principalmente en la mejora del nivel de vida de los pobres y más pobres, muchos habitantes de zonas marginadas en Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Guerrero, por ejemplo.

Con una variable adicional: no recurrir a más deuda. No endeudar más al país, dado los enormes volúmenes actuales de dependencia en donde, por ejemplo, el Fobaproa es aún, una ignominiosa muestra de descrédito, abuso, injusticia y corrupción, que seguiremos pagando hasta dentro de quién sabe cuántos años más.

Cabe subrayar que de acuerdo con datos oficiales alrededor del 50% de la población en México es pobre y 10 millones más viven en situación de pobreza precaria o miseria.

En contraste, cerca del 30% de la población concentra el 65% de los ingresos totales y el 70% restante de los hogares obtienen el 35% del total restante de ingresos nacionales.

En forma comparativa, podemos confirmar que la distribución del ingreso y la riqueza en México es hoy tan regresiva como en Haití.

Más aún, la pandemia ha exacerbado los niveles generalizados de pobreza y a pesar de los programas de bienestar, el índice de Gini, que mide el coeficiente de desigualdad en un país o región, refleja una mayor dispersión creciente ( 0.475 a 0.426).

Como se sabe, hay mayor desigualdad en la medida que el coeficiente se aleje de la unidad.

A mayor desigualdad hay menor consumo y producción, lo que impacta directamente en el menor crecimiento económico y oportunidades de mejora social.

En México la aprobación del presupuesto es facultad de la Cámara de Diputados. Este año tras interminables discusiones y una larga y maratónica sesión que concluyó cerca de 7 de la mañana, la mayoría de los diputados de Morena y sus aliados, aprobaron el ejercicio de un presupuesto de alrededor de 272 billones de pesos, lo que significa un incremento del 9% con respecto al año anterior.

Es un presupuesto ligeramente restrictivo con prioridades precisas con respecto a salud y protección social, educación, pensiones y programas de bienestar, defensa, policía y seguridad y fondeo a los mega proyectos del régimen: Dos Bocas, Tren Maya, aeropuerto Felipe Ángeles, corredor Coatzacoalcos-Salina Cruz.

Además de garantizar el cumplimiento de los programas sociales y los compromisos de deuda, se apoya a Pemex y a CFE y contiene el total de participaciones federales correspondientes a los estados de la Federación en cumplimiento estricto de la Ley de Coordinación Fiscal.

Igualmente se asignaron recursos para la organización de los próximos comicios federales y estatales y para contingencias en la pandemia, incluidas vacunas y otros tratamientos.

Esperemos que ya no falten medicamentos anticancerígenos para niños y jóvenes, ni aparezcan más pretextos.

Y se cuente con recursos y amplia voluntad política para la atención a grupos vulnerables.

Y, desde luego, para la promoción de la cultura y las artes.

Se presupone que de ahora en adelante todos los actores económicos por más poderosos que sean pagarán impuestos y contribuirán en forma proporcional a la hacienda pública, asimismo, habrá menos irregularidades y observaciones por parte de la Auditoría Superior de la Federación.

Se espera que el presupuesto no se gaste sin ton ni son, de acuerdo con corazonadas, solicitudes de contentillo o de intereses y grupos de amigos y para favorecer privilegiados o negocios privados con recursos públicos.

Los recursos son muchos, pero son relativamente insuficientes para el cúmulo de necesidades y rezagos de muchos años de incuria, inepcia y deshonestidad.

Ojalá se pudiera dar gusto a todos, pero como en cualquier hacienda familiar y personal, las prioridades deberán sufragarse primero y después lo aleatorio, hasta frivolidades sociales y el reparto de cargos a quienes se quieren subir al carro de la Transformación o de plano, desde la oposición patalean a su favor.

En efecto, un peso, decía mi abuelo, que algo sabía de eso, tiene una cualidad y un defecto. Contiene exactamente 100 centavos, no 99. Tampoco 101. Lo que parece que se les ha olvidado a viejos y nuevos políticos tecnócratas que escupen al cielo auspiciados por los que tradicionalmente acostumbraban repartir la tajada del león o cobraban moches y se aglutinan velando armas en vista de las próximas elecciones del 21.




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Arturo Martinez Caceres

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