PARRESHÍA

Poder y gloria

Poder y gloria

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Si hubiese orientado su discurso por la idea de autoridad y no de artífice, se hubiese colocado por encima del conflicto

Maquiavelo advertía al príncipe que pudiera hacerse de todo el poder, y no de la gloria, porque ésta depende del uso y efectividad que se le dé a aquél. De igual manera, se puede tener todo el poder y nada de autoridad.

Plinio ejemplificó la diferencia entre autoridad y poder confrontando los papeles de auctor, autor, por un lado, y artifex, artífice, por otro; el primero tiene un papel primigenio y fundacional, verdaderamente creativo, inventivo, disrruptor; el segundo es un constructor diestro y hábil. El autor, en tanto creador, tiene la cualidad de numen, vocablo que deriva de nueren que significa asentir con la cabeza; los dioses en el Olimpo aprueban o desaprueban las acciones humanas afirmando o negando, igual corresponde para con el autor. El artífice podrá tener todas las capacidades y recursos para acometer su arte, más no la de aprobación que se reserva a la autor-itas por su naturaleza genesiaca de auctorauctor.

La distinción entre poder y gloria, así como entre poder y autoridad suelen ser -no en balde se lo decía Maquiavelo al Príncipe- el tormento de todo gobernante.

Claudia inició la semana pasada con un discurso que transparentaba su tormento: “¿Creen que me van a debilitar? ¡Nooo!, más fuerte soy, más fuerte”. Argumentando con conceptos de debilidad y fuerza, no de autoridad.

Si hubiese orientado su discurso por la idea de autoridad y no de artífice, en lugar de ostentar sin gran éxito fortaleza, se hubiese colocado por encima del conflicto y no a ras de ring, habría podido tomar el papel de autora de un nuevo comienzo llamando a la serenidad y reconciliación de los mexicanos, dándose la oportunidad de sancionar a los funcionarios que no supieron procesar políticamente la marcha del pasado 15 de noviembre, al tiempo de asentar un golpe al Bloque Negro antes que, como hoy la CNTE y Adán Augusto, se le salga de control.

Su proceder, sin embargo, ha hecho escuela: la secretaria de Gobernación (es un decir), en lugar de atender las demandas de campesinos, transportistas y titulares de concesiones de agua, los acusa de tener afiliación política diversa a Morena, como si ello fuese delito y no Derecho Humano y político protegido por la Constitución y el derecho convencional. Otra vez, artífices sin mayor lustre y suerte, no autores y menos autoridad.

Luego se queja que sus críticos le ubican como vicaria del templo, en este caso de Palacio, es decir, representante de otro, no ente con propiedades y alcances propios.

Y extraviada en esa condición los problemas se agolpan y exacerban, pronto ni el opio de sus giras y redes podrá anesteciar sus tormentos.

Podrás tener todo el poder, príncipe, más no la gloria.

Tampoco la autoridad.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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