PARRESHÍA

La muerte ciudadana

La muerte ciudadana

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Todos corremos el riesgo de ser excluidos de la ciudadanía substantiva al coartársenos las posibilidades de una representación política libre y efectiva.

La ciudadanía es un estatus (Marchall 1950), es decir, una posición dentro de un grupo social determinado, estatus que concede derechos plenos (derechos y obligaciones) en esa comunidad en igualdad de condiciones para con sus demás miembros. La ciudadanía, pues, es siempre excluyente de todos aquellos que no gozan de ella.

Desde sus orígenes el tema principal se centra en quién sí y quién no goza de ella. En principio la disfrutan los propios de esa comunidad y son excluidos los ajenos. El tema, sin embargo no es tan sencillo, durante siglos la mujer fue excluida de ese estatus, hubo tiempos en que los excluidos fueron los iletrados y menesteroso, generalmente los son aún los extranjeros, aunque lleven décadas residiendo en esa comunidad.

Los ingleses distinguen entre ciudadanía formal y ciudadanía sustantiva. Y bien pudiéramos decir que es nuestro problema: se puede formalmente ser ciudadano y sustancialmente no serlo por carecer de condiciones sociales, económicas y jurídicas para ejercer como tal. En México la gran mayoría de los ciudadanos formales sobreviven de los apoyos clientelares del populismo, carecen de una educación elemental que les permita entender que se juega en una elección y cómo evaluar sus pros y sus contras, se ven coaccionados de mil maneras para que no elijan en libertad y cotidianamente son indoctrinados e inoculados con dosis de rencor y resentimientos.

Hoy, además, todos corremos el riesgo de ser excluidos de la ciudadanía substantiva al coartársenos las posibilidades de una representación política libre y efectiva por cercenar de la Constitución el sistema de representación proporcional, reducir el número de representantes, cerrar los umbrales para constituir partidos que realmente expresen la pluralidad ciudadana
Y, finalmente, al privarnos de derechos y libertades propias del ser humano.

Si bien esas libertades y derechos responden a nuestra condición humana y no son exclusivamente políticos, como las libertades de pensamiento, expresión, y tránsito, y derechos como a la salud, educación, justicia, ingreso digno, vivienda y seguridad, entre otros, cualquier conculcación que de ellos se haga reducen los márgenes de acción política ciudadana.

Por supuesto el aparato de comunicación de Estado va a hartarnos con mensajes en el sentido de que están perfeccionando la democracia para que el pueblo verdadero y bueno pueda votar libremente, cuando en realidad constriñan todas las libertades y derechos para que, como en Cuba y Venezuela, puedan eternizarse en el poder. Desgraciadamente no existen espacios de deliberación pública que permitan atemperan el aparato de Estado y el deterioro propio de una democracia que se construyó sobre instituciones y procedimientos sin previamente desarrollar ciudadanía hace prácticamente imposible lograr que el ciudadano se interese por estos temas y los entienda.

Pronto caerá la negra noche sobre una ciudadanía que no logró serlo substancialmente y cuyo formalismo declarativo y nada son exactamente lo mismo.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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