PARRESHÍA

Suicidarse para no morir

Suicidarse para no morir

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La pluralidad tiene que fluir, no se puede contener, y cuando se le confina, o peor aún, se le prohíbe y cancela cualquier vía de expresión y de acción, revienta.

Toda presa tiene vertederos, algunas desfogan agua para mover turbinas y generar energía, hidroeléctricas les llaman, otras simplemente liberan agua para evitar que la cortina se reviente. En noviembre del 2020, el gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, acusó a Manuel Bartlett, entonces director de la Comisión Federal de Electricidad, de haber ordenado abrir las compuertas de las presas por el riesgo que presentaba su nivel de agua inundando medio estado.

Lo mismo pasa en las democracias, la pluralidad tiene que fluir, no se puede contener, y cuando se le confina, o peor aún, se le prohíbe y cancela cualquier vía de expresión y de acción, revienta.

La reforma electoral e Gómez se perfila para cerrar la libre circulación de las contradicciones propias de una sociedad mexicana y, cuando la ciudadanía no tiene espacios ni procesos para participar y decidir en el quehacer público, solamente le queda la violencia como opción.

Ello, en una sociedad escindida por la polarización y discurso oficialista, bajo una economía quebrada y un gobierno de saliva, podría terminar por incendiar todo.

Morena tiene que preguntarse por el futuro que le espera, de suyo difícil, antes de incendiar la patria.

Como dijo un periodista alemán con la caída de la primera coalición parlamentaria de la República de Weimbar: “No se vale suicidarse para no morir”, o como dijo el oráculo de Delfos: “Cuida lo que deseas”, porque quizás la muerte de la democracia que les dio vida y oportunidad, sea la de ellos mismos.


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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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