PARRESHÍA

La gran derrota de Claudia

La gran derrota de Claudia

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La presidente perdió en toda la línea y con pesos muy menores a su calado.

No sé si verdaderamente -ya sabemos que la verdad no se le da muy fácilmente- la presidente leyó el libro de “Ni venganza ni perdón” que, repito, no implicaría perderse de gran cosa, ni tampoco que fuese algo de lo que no supiese de antemano y con información más a detalle. Lo que sí puedo afirmar es que no ha leído “Juego de Tronos”, la gran Obra de George RR. Martin, que abre con la ejecución de un ciervo a la que el padre obliga al hijo menor a observar, porque ello es algo que tiene que hacerse por propia espada, habida cuenta que cualquier otra no debiera y, de cierta manera, honra al ejecutado y al ejecutor; escena y enseñanza que solo el menor entiende entre todos los presentes.

El verdadero político, por más anticlimático que se escuche, es aquel que sacrifica a sus amigos, puestos en la balanza entre el poder y ellos, algo que pudiera a primera vista parecer repugnante y disconforme, pero que responde a que, por sobre la amistad, el político tiene que privilegiar el interés general, algo que, por cierto, contradice aquello de 10 por ciento de capacidad y noventa de lealtad.

La presidente insiste en quemar incienso a Marx Arriaga, ésta es la segunda semana al hilo que lo hace. Se equivoca. Semejante cucaracha podrá ser su amigo de lides universitarias, tener doctorados, pertenecer a una facción poderosa y tener el cordón umbilical conectado al cielo, pero Sheinbaum solo debe responder a su mandato ciudadano y cuidar, por sobre todo, la eficacia y el respeto a su ejercicio de poder.

Poder que no puede no es poder.

La gran perdedora de este vergonzoso sainete es ella y sus enemigos habrán de utilizar este lance para impulsar su revocación de mandato; sus gestos tan generosos como innecesarios y contraproducentes para con el mentecato nadie se los va a reconocer y sí a imputar en contra.

El desempeño de Mario Delgado situó la cabeza de la presidente en la guillotina, por mucho menos debió de haber sido fulminado antes que el hoy finalmente cesado.

La presidente perdió en toda la línea y con pesos muy menores a su calado. ¡Una vez más!

Su error fue no ejecutar ella misma al ciervo, que no quedara duda y sí expreso; delante de todo el mundo y con férrea determinación, porque todo lo que no mata engorda.

Lo peor es que ha creado un monstruo delirante y voraz de reflectores, que ha probado lo quebradizo de su lealtad y se ha convertido en joya en un mercado de bucaneros y traidores explotable por quienes quieran engordar sus alforjas para cuando, muy pronto, el lustre de la presidencia no le sea suficiente a su titular para ejercer el poder con eficacia, bajo respeto, con reconocimiento y lealtad, así sea por temor.

PS. De nada sirve un bastón de mando que no se usa cuando debe de usarse. Así crecen los enanos.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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