PARRESHÍA

Fines de un Estado sin ciudadanos

Fines de un Estado sin ciudadanos

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El Estado no está obligado a garantizar, proteger y acrecentar los derechos y libertades de su población, aunque sí puede, en su caso, suprimirlos o excepcionarlos.

Sostiene la señora Batres que todos los fines del Estado deben ser resguardados y su violación penada. Solo le faltó decir que el fin justifica los medios, aunque ¡claro nada justifique ese fin! Calla sobre los derechos humanos y políticos de cara al Estado, éste no es ya una simple organización de ciudadanos en el tiempo para hacer posible su vida compartida, y por tanto, el Estado no está obligado a garantizar, proteger y acrecentar los derechos y libertades de su población, aunque sí puede, en su caso, suprimirlos o excepcionarlos (ver Vida y vida ciudadana), puede, por ejemplo, dictar prisión preventiva oficiosa o aplicar la medida cautelar de congelar sus cuentas discresional y arbitrariamente sin "las formalidades esenciales del proceso (Art. 14 constitucional). No cabe duda que vamos a un totalitarismo populista con ignorantes al volante. ¡Qué pronto la memoria humana olvidó la teología política del siglo pasado, que hizo del Estado deidad, credo y dogma mientras arrasaba con la humanidad y sus civilizaciones!

¡Pobre del derecho en mano de la Batres, la Ríos y el Aguilar!

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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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