PARRESHÍA

Olguita

Olguita

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La bacinica de Olga Sánchez Cordero anunció que se despide de la política. ¡Jamás supo lo que es la política, que renunció a ella como a la peste!

Vivir, decía Ortega y Gasset, es vivir por sí y para sí, no la vana entrega a algo o a un loco. Cambiar de papá por Mesías nunca resolvió orfandad alguna

Caminar por alguien y no por sí es avanzar sin sentido, sin forma, sin tensión; es el caer del títere cuando el titiritero lo suelta.

Sánchez Cordero no renuncia a nada, hace mucho fue arrojada al acotamiento desde el Tsuru a toda velocidad.

Hoy se descubre extraviada en su laberinto de siempre y sin salida, sin la promesa de amor, incluso, del traicionero minotauro.

Tanto soñarse, acicalarse, esperar; tanto sacrificio y humillación para regresar al mismo vacío existencial; tanto oropel para retornar a la realidad de una nuda vida, a la nada, a la frivolidad sin espectáculo y sin espectadores, al desecho propio de Elenita.

Tanto caminar sin avanzar, sin meta, sin origen; tanto retorno a la nada. Tantas eternidades del mismo trapiche, tantos huires.

La vida es caos y extravío, pero cuando se decide apostarlo todo al resplandor del telón fantasmagórico y al merolico placero y por sobre el derecho y la propia dignidad, todo es fuga en abismo.

Solo quien se extravía se encuentra, quien se entrega por perdido sin jamás buscarse, es solo a través de otro, jamás fue.

Hasta nunca bacinica, es Usted un insulto para la política.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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