PARRESHÍA

Legitimidad

Legitimidad

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La democracia se legitima a sí misma, pero no legitima a priori el desempeño de sus productos.

La democracia es un sistema de toma de decisiones que se legitima por su procesamiento -por cierto, hoy deslegitimado en México por la ivT-, pero que no legitima sus consecuencias.

Cuando el sistema opera, su procedimiento permite la libre decisión ciudadana y que ésta sea acatada y respetada, y así se legitiman procedimiento y resultados, pero no da más que eso.

En otras palabras, la democracia se legitima a sí misma, pero no legitima a priori el desempeño de sus productos.

Nuestro embeleso democrático distorsionó en nosotros su carácter instrumental hasta llegar a considerar la democracia como un fin en sí misma, aún peor, nos ha llevado a creer que todo gobierno democráticamente electo –“haiga sido como haiga sido”- garantiza en automático e infaliblemente la legitimidad de sus acciones y resultados.

El Obradorato ha vivido de ese bulo, ante cualquier cuestionamiento nos escupen en la cara los millones de votos depositados en su favor - haiga sido como haiga sido”- que, dicen, los respaldan, cual si se los hubiesen escriturado en propiedad y fuesen una especie de reservas de oro en virtud en bóveda bancaria. Es cierto, en las elecciones obtuvieron la mayoría de votos, pero nada más, y esos millones dejaron de existir al momento que se cerraron las casillas.

Todo sistema político, democrático o no, está obligado a legitimar una a una todas sus decisiones y actos de autoridad: “No hay ninguna legitimidad puesta a priori y para siempre” (Weill), cada determinación y acto de autoridad debe legitimarse en sus méritos a la luz de un proyecto suficientemente compartido.

La democracia no da cheques en blanco ni patentes de corso, determina una decisión concreta y temporal, su legitimidad es sobre los votos, no sobre sus mandatos, instrumentación ni consecuencias.

En teoría política se habla -aunque el obradorato ni siquiera sepa qué es ello- de legitimidad de origen, democrática, y legitimidad de ejercicio, desempeño.

La próxima vez que a una crítica el aparato de manipulación del Estado conteste con que obtuvieron tantos millones de votos, habrá que traerlo al presente a discutir en sus méritos la legitimación de la decisión o acción que se enjuicia.

¿Estamos?


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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