PARRESHÍA

Un tsunami llamado México

Un tsunami llamado México

Foto Copyright: X

Lo que vimos el martes no fue un festejo, tampoco afición y menos gobierno.

Sheinbaum y Brugada serán las responsables del caos que está por reventar en México. Cualquier otro gobernante hubiese encendido todas las alarmas con las concentraciones, ya incontrolables, con motivo del mundial, pero ambas son cómplices -entre todos los filomorenistas que las antecedieron- del derrumbe de la ciudad y de sus servicios, en tiempo real ambas se hermanaron en distraer como fuera y costara lo que costara las críticas durante el mundial de futbol y la presidente respiró, ilusa, de la distracción del tema Rocha Moya y cauda que lo acompaña, como si el tema estuviese resuelto y olvidado.

Lo que vimos el martes no fue un festejo, tampoco afición y menos gobierno.

Solo dos personas tan limitadas como ellas pudieron despertar al monstruo y llevarlo hasta el éxtasis, al hombre masa, y creen que están ante un fenómeno partidista y leal del obradorato. No entienden que no entienden.

En su pequeñez todo lo ven y miden en términos electoreros. Brugada cree que con invitar a no festejar en el Ángel podrá controlar el tsunami que enfureció; cegadas por su poder creen que todos las aman y adoran, pero para lo que se le viene encima no hay cortina que lo contenga. Despertaron al México del que hablaba Colosio, con hambre y sed de justicia, no de apoyos monetarios.

Citando al más loco de todos: “soltaron al tigre” creyéndose capaces de controlarlo y capitalizar electoralmente. Ahora a ver quién lo amarra, incluido el demente de Palenque.

Las dos han demostrado que una cosa es gobernar y otra investirse del poder sin poder y, por supuesto, sin pensar.


Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

Sigueme en: