PARRESHÍA

Alazraki

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Como podrás ver, Carlos, tu entendimiento de lo político es muy limitado y seguramente distorsionado por tu profesión.

Le escuché una entrevista a Carlos Alazraki en donde, palabras más palabras menos, afirmó que la política es como el mercado y por tanto la propaganda política como la publicidad: el candidato es el producto, el partido el empaque y el voto la compra del producto.

Carlos podrá ser un publicista genial, pero debiera quedarse en lo que sabe.

Confunde lo político con las campañas electorales, que son solo uno de tantos componentes en un proceso democrático, pero que no abarcan todas las facetas posibles de lo político.

Su confusión responde a la tara electorera en que devino nuestro aliento democrático secuestrado por los partidos, académicos, publicistas y encuestadores, pero lo político es por mucho más que ello.

Lo errado de Carlos en esta su apreciación muestra el profundo desconocimiento que priva sobre lo político en México y, por tanto, lo errado del desencanto hacia ello al embrollarlo y reducirlo a lo específico de las campañas políticas y nuestras miserias electoreras.

Lo político no puede ser equiparado con el mercado porque no se mide por la utilidad; que hay quien entra a cargos públicos para medrar, pero ello no lo hace político ni menos hace política. Lo político no produce nada, porque lo suyo no es la producción ni el lucro, lo político lo único que genera es sentido. ¿Por qué?

Porque la pluralidad humana se debate entre el desencuentro y la violencia, léase Morena, y el acuerdo y la acción conjunta, entiéndase la cosa pública: la Re-pública. El sentido es la carta de navegación de un destino compartido, el leitmotiv del concierto que nos concierta.

Los seres humanos somos gregarios y nuestra vida en comunidad ve por la satisfacción de nuestras necesidades más ingentes, vida privada, pero también por la organización y participación de una convivencia pacífica, libre y justa, vida política.

Para que podamos entendernos, acordar y accionar conjuntamente, necesitamos deliberar y la deliberación implica libertad, pensamiento, palabra, civilidad y comprensión del otro. Ello requiere de unas formas de ser políticas.

Lo político es en sí mismo pedagógico, no se aprende como los conocimientos, se aprende en la práctica, ejercitando cómo deliberar, cómo organizarse, cómo colaborar, cómo participar, cómo procesar los conflictos, cómo garantizar los derechos y las libertades de todos, cómo controlar el poder.

Lo político originalmente vio por lo ciudadano, es decir, de los propios y cercanos, pero el mundo actual se ha globalizado, sus fenómenos afectan a todos sobre la tierra e inclusive a generaciones futuras, por ello requerimos pensar una política para el hombre sin importar su suelo y sangre de origen, el problema con los migrantes así nos lo reclama.

Las instituciones y categorías políticas que usamos ya no son funcionales para el mundo de hoy y la complejidad de nuestras interdependencias, nos urge rediseñar nuestra forma de vida en comunidad acorde al mundo de hoy.

Como podrás ver, Carlos, tu entendimiento de lo político es muy limitado y seguramente distorsionado por tu profesión: se pueden tener partidos, candidatos, elecciones, publicistas y funcionarios electos y no tener política ni políticos, no saber deliberar, carecer de civilidad y vivir confrontados, como hoy; lo electoral no hace lo político ni al político, es solo una de tantas facetas de lo político; lo que hace lo político y genera poder son los ciudadanos accionando conjuntamente, pero jamás en la historia patria hemos tenido una política pública para formar ciudadanos, porque todos los involucrados en lo electorero, entre ellos los publicistas, no quieren ciudadanos pensantes, capaces, participantes y demandantes.

Otro sí digo: lo político no puede sustentarse en la rijosidad y la polarización exponenciadas, el discurso y el análisis políticos demandan hoy más que nunca civilidad, allí también las artes de la política urgen para civilizar los ánimos, respetarnos unos a otros y buscar sobre nuestras diferencias aquello que nos es común, propio y propicio.

Finalmente, la crisis política que hoy vivimos ha venido gestándose a lo largo de muchas décadas, todos sin excepción somos parte y expresión de nuestra descomposición política, hasta en tanto no lo comprendamos seguiremos ahondando nuestros desencuentros.

Mi fraternal saludo.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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