PARRESHÍA

El hombre es de la libertad

El hombre es de la libertad

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Mi libertad presupone una libertad más original al alcance de los demás miembros existentes de la humanidad.

Hay hechos que nosotros hacemos y que creemos como algo nuestro y único, luego vemos que todos los pueden hacer, no me refiero al producto final, sino a su hechura: todos pensamos, decidimos en libertad y actuamos; el qué, cómo y para qué varía según cada individuo, pero todos compartimos una especie de estructuras que permiten la existencia, entendida ésta como una variedad de posibilidades. Esto significa que hacemos uso de estas estructuras, pero no las creamos; si podemos decidir y actuar es porque nuestra existencia cuenta entre sus modos de ser con los de decidir y actuar. Cuando ejerzo mi libertad es que he decidido tomar una de las posibilidades de la existencia y mi libertad presupone una libertad más original al alcance de los demás miembros existentes de la humanidad.

Luego entonces, no es el hombre quien tiene libertad, sino la libertad quien tiene al hombre para que la use; dice Heidegger que la existencia se resuelve solo con el existir, pues bien, una de las estructuras del existir del hombre es la libertad y sólo ejerciéndola se es libre, pero hacer uso “no significa que sea producto del hombre”, simplemente hacemos que acontezca en nosotros y al hacerlo nos revela: un “acontecimiento revelador” (Heidegger).

Entre estas estructuras de la existencia, encontramos también el tiempo: somos en el tiempo, mejor dicho, vamos siendo en el tiempo conforme usemos las oportunidades que se nos van presentando y las hacemos acontecimiento y revelación.

Visto así, la libertad es propia del existir no de los existentes, aunque seamos quienes la ejerzamos. La libertad política, sin embargo, implica una organización, normatización, cultura y salvaguarda que la haga posible, ya que las pulsaciones tiránicas de someter la libertad de todos a la de uno siempre será una de las posibilidades del existir y pareciera que nos gusta decidir mal.


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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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