PARRESHÍA

Ídolo verbal

Ídolo verbal

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Cuando idolatramos imputamos los tres significados de la valoración a lo idolatrado, vale idealmente, vale objetivamente y vale universal y vinculantemente.

Hay ídolos verbales, el concepto es de Heidegger; entre nuestros grandes ídolos verbales encontramos Democracia e Izquierda, ante hubo otro de gran arraigo: Revolución.

No usamos estas palabras para nombrar y significar, sino para idolatrar y limpiar los pecados políticos y no políticos del mundo, es decir, profesar un amor o admiración exaltados a algo o a alguien, y en su honor oficiar ritos, sacrificios y santificaciones. Quien idolatra asigna una sobrevaloración a algo.

Valorar tiene tres significados: valor en tanto una forma de la realidad que se mantiene inalterable no obstante el devenir todo, es decir, valor como ideal; valor referido a un objeto determinado, una valoración objetiva y objetivada, y, finalmente, valor vinculante, que es aquel que se reconoce en algo o alguien y que es valedero en sí mismo y, por tanto, tiene validez universal.

Cuando idolatramos imputamos los tres significados de la valoración a lo idolatrado, vale idealmente, vale objetivamente y vale universal y vinculantemente.

Huerta mandó asesinar a Madero y Pino Suárez, aunque él siempre lo negó, y los obregonistas mandaron asesinar a Carranza, el primero pasó a la historia como chacal y los segundos como venerados héroes. ¿Qué los diferenciaba? El ídolo verbal del vocablo Revolución, cuya idolatría se mediaba por un amor y admiración exaltados que en su nombre sacralizaba cualquier acción exceptuándola de todo juicio de bien y mal. Décadas después Bartlett alegaba el “fraude patriótico”, como hoy invoca el pueblo.

En el mismo tenor convertimos a la democracia en un ídolo verbal, su carácter meramente instrumental se constituyó en un fin en sí mismo, se le levantaron capillas, dogma, se ordenaron sumos sacerdotes encargados de su pureza, cuidado y penitencias, y hasta guerras santas se pelearon en su nombre. Cuando despertamos a la realidad la democracia ya era populismo totalitario.

Similar es el caso de nuestras izquierdas, también idolatradas como mártires de todo mal y santificadas como inmaculadas. Cualquier crítica enderezada en su contra es anatema, sacrilegio, políticamente incorrecta y prueba fehaciente de odio al pueblo y traición a la patria.

Hoy los nuevos ídolos verbales son una simbiosis indisociable de ivT, López Obrador y Morena, como la sagrada trinidad.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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