PARRESHÍA

Sheinbaum feliz y felicitadora

Sheinbaum feliz y felicitadora

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La Constitución prohíbe las penas trascendentales.

En una escuela privada naval en Tamaulipas, durante un curso de verano, es decir, en vacaciones escolares, una niña de 13 años fue muerta por novatada.

El mogote que cobra como secretario de Educación Pública ordenó en consecuencia el cierre de todas las escuelas militares en México, sin saber, según parece, que las más son públicas.

La presidente, siempre fugándose de la gobernabilidad a su cargo, se congratuló por el cierre generalizado y felicitó al mogote por reducir espacios educativos y violentar derechos de terceros: estudiantes, profesores y directivos de esas escuelas, padres de familia incluidos. No sé si alcanzó a verlo, pero confundió la disciplina militar con lo vandálico, la estigmatizó y desacreditó a nuestras Fuerzas Armadas.

Pero la Constitución prohíbe las penas trascendentales, únicamente la escuela naval donde falleció la niña es responsable de lo que haya pasado a su interior y, previo debido proceso, su sentencia es solo relativa a ella y no puede trascender a nadie más. Por lo que hace a la supervisión a cargo de diversas autoridades, las posibles responsabilidades tendrán que deslindarse, incluidas las que pudiesen imputarse al mogote.

¿Cuál es la causa legal, su motivación y fundamento, y cuál el debido proceso y el derecho a la defensa para cerrar indiscriminadamente escuelas públicas y privadas ajenas a la muerte de la menor?

¿Y el Estado de Derecho?


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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