PARRESHÍA

Podrán acabar con México

Podrán acabar con México

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Quien por defender a las audiencias pretende abstraerlas del circuito de la comunicación pública, no las defiende, las secuestra; no las protege, les teme.

La única forma verdadera de proteger los derechos de las audiencias es combatiendo todo aquello que limite, obstruya o violente su audición, incluso bajo la excusa de su defensa.

Quien por defender a las audiencias pretende abstraerlas del circuito de la comunicación pública, no las defiende, las secuestra; no las protege, les teme.

Solo hay una razón para encerrar en un capelo la escucha, la vista y la libertad de las personas: el miedo a ellas.

Pero, si vemos bien, no hay un peligro presente o inminente que pudiese explicar el miedo del obradorato, de hecho tiene control de todo el aparato de poder y de los medios tradicionales de comunicación; no hay un agente ni una amenaza que acredite objetivamente en ellos una sensación de miedo, que es siempre, presente o inminente, identificado y ubicable en el tiempo y en el espacio: yo temo al perro que me ladra y pela los dientes mientras corre hacia mí sin obstáculo alguno; o al extorsionador que me amenaza con hacer daño a mi familia o la delincuencia organizada que controla el derecho de piso en mi colonia y cuyo auto se ha detenido afuera de mi estanquillo.

Pero en todos estos casos y otros imaginables, Morena alinea del lado de ellos, del peligro; luego entonces no hay algo o alguien, presente o en amenaza que pudiese causarles un daño real, al contrario, el peligro paraliza a la gente, las aliena y las deja a merced del poder, más si está asociado al causante del peligro.

Por tanto, lo suyo no es miedo, es angustia, una aprensión indefinida, no identificada, no explicable y no ubicable que sin embargo nos altera hasta aislarnos del mundo entero, la angustia nos envuelve y separa dejándonos solos frente a nosotros mismos; la angustia no responde a un fenómeno de peligro, sino al existir mismo del sí mismo, al que no podemos engañar y de quienes somos responsables de ser y hacer lo que corresponda y a lo que no podemos renunciar ni tampoco negar. Lo que angustia a la angustia es la posibilidad de ser y que tenemos que enfrentar o sufrir no hacerlo o no poderlo hacer.

Sheinbaum no pelea el derecho de las audiencias ni combate ningún peligro real a ellas, Sheinbaum expresa su angustia existencial de ser y hacer lo que sabe ni es ni puede.

Más fácil es conculcar derechos que asumir su única, personal e intransferible existencia.

Angustia que por lo visto comparten muchos en la cima del poder.

Podrán acabar con México, pero con su angustia no.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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