Izquierdismo
En México hay más izquierdismo que izquierdas. No uso el vocablo izquierdismo en el sentido de Lenin, quien en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo lo criticaba en quienes en Europa se negaban a participar en el parlamentarismo y en los sindicatos a costa de perder margen táctico frente al Estado burgués, aunque sí es rescatable de él ese purismo propio de los que quieren ser más papistas que el Papa.
El azaroso devenir de las izquierdas en México dentro de un sistema político nacional más de espejos y cooptaciones que de contenidos y consistencias, terminó por marginar a las verdaderas izquierdas y sus personeros en favor de un izquierdismo de izquierdosos sin nada de izquierda en ellos.
Con José Newman hemos venido haciendo una analítica de las izquierdas en México que, a grandes rasgos, nos muestra cinco hitos en el haber histórico de las izquierdas en México: 1. La Revolución Cubana que rasgó el velo virginal del marxismo soviético en México y su lucha armada y clandestina para imponer la dictadura del proletariado desde las clases obreras y campesinas; 2. El 68 y la sucesión del 70 con la apropiación por el echeverriato de las banderas de las izquierdas y la domesticación de buena parte de sus estructuras, desarrollando en ellas su afición al victimismo, chantaje y extorsión políticas; 3. La reforma política del 77 por la que Reyes Heroles sacó a las izquierdas de la clandestinidad y las aperturó (mundanizó) en la vía político democrática; 4. La contrarreforma sucesoria de Bartlett del 86 y la crisis electoral del 88 por la que las izquierdas fueron engullidas por un izquierdismo priísta en abandono de las causas sociales para apostarlo todo a la conquista del poder al costo que fuese, y; 5. El obradorato que convirtió al izquierdismo mexicano en religión política, voracidad burocrática, gobierno de percepción y locura.
Estoy cierto que en México debe de haber muchos hombres y mujeres de izquierda convencidos y consistentes, pero a ninguno de ellos podríamos ubicarlo verdaderamente en las filas de Morena y sus organizaciones amancebadas. Porque lo que hoy brilla y vive como izquierda mexicana es simple izquierdismo: caricatura de izquierda, impostura, ramplonería, vividores y farsantes. ¿Alguien pudiera sostener que Andrea Chavés tenga una célula de izquierda en su organismo? ¿Noroña? ¿Brugada? ¿Jesús Ramírez? ¿Andy? ¿Ebrard?
Del 68 surgió la germinación de una izquierda trasvestida en izquierdismo; en ese pantano de apariencias y ostentaciones arraigó el delirio salvador de López y creció, para usar la palabrita del momento, en un ecosistema político echeverriaco de imposturas, espejos, maromas, traiciones y derroches que hoy, hecho gobierno y fiel a sus genes se mata a su interior llevándose entre las patas a México.
Por sobre los verdaderos personeros de izquierda en México privan los izquierdosos de un izquierdismo más religioso que político, más voraz que vocacional y más falso que Morena.
Finalmente, la vida se ha complejizado tanto que las geometrías propias de la Convención Francesa no pasan de ser hoy más que referentes emblemáticos de imposible asidero y descripción.
Bien haríamos en desenmascarar nuestro izquierdismo de kermes a riesgo, claro, de dejar en sus huesos a un rey que desfila desnudo ya de tiempo atrás.
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