PARRESHÍA

Sheinbaum pierde ganando

Sheinbaum pierde ganando

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Los triunfos y festejos presidenciales no muestran arista alguna digna de laurel ni satisfacción.

Dista para saber en qué terminará este Montessori de ineptitud obradorata, en especial en su vertiente de Rocha Moya, pero al día la perdedora neta es la presidente Sheinbaum: apostó el poco capital político que le quedaba en defenderlo, tras haberlo dilapidado en cargar con Adán Augusto y soportar a Andy, y ahora tiene que soportar sonriendo el escupitajo que le espetó en la cara su defendido con su efímero regreso al gobierno de Sinaloa, dejándola descentrada, sin información, sin sistemas de inteligencia, sin operación política, sin narrativa, sin estrategia, sin credibilidad y, ahora, sin salud personal. Dice que lo mejor que pudo haber hecho Rocha fue volver a pedir licencia, cuando nunca debió de renunciar de la que ya gozaba y menos hacerlo por la libre. Los triunfos y festejos presidenciales no muestran arista alguna digna de laurel ni satisfacción.

Dice la mandataria que se enteró del regreso rochiano cuando el sinvergüenza lo publicitó en X, lo cual significa que, si en lugar dirigirse a Palacio se hubiera fugado, también se hubiese informado consumada la evasión, dejando a los sistemas de inteligencia nacionales en entredicho o quedando ella como mentirosa. En todo caso, México ante el orbe entero es un gobierno irresponsable e inútil.

Tras la carta de Andy a Trump y la arrastrada que le propinó la consulta de los lineamientos en defensa de las audiencias y las listas que no son listas, del aquelarre de las campañas adelantadas morenistas y fuera de todo control, haber cerrado la semana con una rebelión en la granja y de gira con Brugada ha de haberle sido a Sheinbaum como un atracón de cicuta.

Si las mañaneras le son criptonita, si carece ya de respeto y mando al interior de su gobierno, equipo cercano y movimiento; si su lenguaje corporal, expresión facial y discurso no transmiten seguridad, sinceridad ni convencimiento, que, por sobre todo ello, un personaje con fama mundial de sospechoso de delitos graves cometidos desde el poder y perseguido formalmente por los Estados Unidos intentase en su contra un minigolpe de Estado -le haya salido o no- solo redunda en su contra.

El poder tiene que poder, ello no significa opresión, más bien habla de funcionalidad y eficacia, pero por sobre todo debe parecer que puede, no en tanto fuerza cuanto en desempeño y asertividad. En ambos frentes está reprobada: ni puede ni aparenta poder. El hecho que Rocha haya reculado no salva a ella de que tan pudo hacerlo que lo hizo sin resquemor.

Ni todas las encuestas y gráficas presumidas en las mañaneras juntas logran desmentir lo que ella transmite: soledad, desesperación, desazón y miedo.

Todos los días se queja de molinos de viento contra los que guerrea sin cuartel ni fortuna, pero sus verdaderos enemigos los tiene encamados y uno solo es más sanguinario que un millón de calderones y dos de Salinas Pliego juntos. YSQ.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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