SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL

LA SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL. Parte I.

LA SUSTENTABILIDAD INDIVIDUAL. Parte I.

En 1985 aun siendo estudiante, y nadador de larga distancia, tuve la oportunidad de conocer la fuerza de la naturaleza al intentar cruzar a nado el Canal de la Mancha de Francia a Inglaterra. Luego de 11 horas y media de nado ininterrumpido y de haber recorrido 51 kilómetros y medio (en un estrecho de 33 kilómetros en línea recta), tuve que ser sacado del agua por hipotermia e inconsciente. Las corrientes habían alargado la travesía, el oleaje había planteado un fuerte reto adicional y la temperatura del agua, en promedio a 13 grados, me dieron una lección que nunca olvidaré.

Los siguientes 12 meses fueron del mayor aprendizaje y forjaron mi carácter por siempre. Hoy estoy enormemente agradecido de ello. A la par, sin darme cuenta, había iniciado un proyecto de vida, que en aquél entonces no tenía nombre ni marca, pero que ahora lo denomino Sustentabilidad Individual: lo que tendré el privilegio de compartirles, si ustedes me lo permiten, luego de la especial invitación que me hizo Luis Farías Mackey – mi amigo y primer jefe en el sector público, a quien le tengo una admiración, respeto y afecto permanentes, por haber sembrado en mí, la vocación de servicio más noble que es trabajar para favorecer las causas de la gente.

Me siento honrado y con la reciprocidad que debo, trataré de hacer interesantes y amenos mis artículos en esta nueva sección de LFMOpinión.

Cuando deportista en esa época, la ciencia parecía desligada del deporte, a tal grado que, frecuentemente, cuando menos en nuestro país y en muchos del subdesarrollo y de los que aspiraban al desarrollo, la planeación deportiva quedaba superada por la praxis metodológica del “ensayo-error”. A algunos nos hizo fuertes y funcionó, a otros quizá no. Hoy la vida deportiva es diametralmente opuesta, muy avanzada, desde metodologías sofisticadas, hasta la aplicación de las ciencias para coadyuvar al mejor desempeño del atleta. En aquellas épocas los médicos eran médicos a “secas” y no médicos deportivos, médicos que trataban a los deportistas como a un paciente regular, como a una persona sedentaria; las sesiones con psicólogo ni en la imaginación existían, nuestros psicólogos eran nuestras madres y padres, y de repente el entrenador; los nutriólogos apenas se daban a conocer en el ámbito de las Ciencias Naturales, ni siquiera en los hospitales los tenían, no era extraño pues, que la regla general en materia de nutrición, fuese que, simplemente, nos debíamos cargar de carbohidratos una noche antes de un entrenamiento extremo o de una prueba o competencia de alta resistencia. El caso más curioso se presentaba ante el surgimiento de una lesión, pues la solución era tratarnos con hielo, con algún ungüento para ganado o, ante mayor gravedad, con un “huesero” convertido ipso facto en algo así como un osteópata. A excepción de los atletas olímpicos de países avanzados que ya contaban con técnicas sofisticadas en cada rama y con ciencias aplicadas al deporte.

De esa forma, volviendo a mis vivencias, hubo que improvisar y hacer de todo un poco para cumplir con los retos como deportista. Así aprendí a ser mi propio médico, mi nutriólogo, mi osteópata (menos de psicólogo que en eso nunca tuve remedio). Además, como estudiante, espontánea y gradualmente, me fui formando precisamente en la Sustentabilidad Individual. Que es un estilo de vida que practicaron nuestros abuelos, sus ascendientes, los pueblos de los siglos pasados, las culturas milenarias: viene de tiempos inmemorables y le ha dado a la raza humana entera vida orgánica y funcional.

Vivimos tiempos de modernidad, de avances científicos y tecnológicos, siendo que en esa vorágine, nuestra civilización ha olvidado algo fundamental: somos personas con cuerpo, mente y espíritu. Y así debemos alimentarlos y preservarlos – no solo al cuerpo.

El concepto de Sustentabilidad Individual cobra más fuerza en mi pensamiento y en los programas de mi Fundación México en la Cima del Mundo, A.C. (que se dedica a promover los Valores de Actitud para la Excelencia), al haber publicado en el 2006 un Plan Maestro para enfrentar el Cambio Climático. Un plan que, bajo una perspectiva integral, planteó vías de solución a un problema complejo que traspasa fronteras y supera lo geopolítico - porque la atmósfera y nuestro planeta no se ocupan de cuestiones ordinarias ni mucho menos mundanas. Precisamente para que en el concierto internacional se sumaran esfuerzos y desplegaran acciones en una misma lógica: hacia una misma dirección. Empero, en la realidad ha sucedido lo contrario.

No siendo suficiente hoy nos preocupamos más por la Sustentabilidad Global (llevada al término de Sostenibilidad Global por los eruditos que se preocupan sin cesar por la semántica, en vez de proponer acciones y dar resultados), cuando lo primero que debiésemos hacer es, en efecto, enfocarnos en la Sustentabilidad Individual. A procurarnos cada uno de nosotros como personas, como individuos y luego a nuestras familias. Que implica responsabilidades y deberes, convicciones y valores, hábitos y virtudes, y en ciertas ocasiones, sacrificios. No podemos tener un mejor planeta si no comenzamos con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, mente y espíritu.

Y pues bien, de eso hablaremos a lo largo de mis participaciones en este espacio. Espero les guste.

“No hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad.”
– José María Morelos y Pavón –



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Hugo Rodriguez B.

Hugo Rodriguez B.

Nací en Tlalpan, Distrito Federal y cursé tres licenciaturas: en Comunicación, en Derecho y en Economía. La Maestría en Administración y el Doctorado en Ciencias. Adicional a mis actividades académicas, destaqué en los ámbitos deportivo y profesional. Deportivamente, ascendí en dos ocasiones al Monte Everest y soy el único ser humano que sobrevivió una noche en las inmediaciones de la cumbre sin oxígeno, tienda de campaña ni sleeping bag, situación de sobrevivencia que me fortaleció en disciplina y determinación para lograr todo lo que me he propuesto en la vida. Adicionalmente crucé a nado en dos ocasiones el Canal de la Mancha. Además tengo el récord mundial de larga distancia en nado de mariposa de 70 kilómetros de Cozumel a Cancún. Fui galardonado con el Premio Nacional del Deporte en 1986 y el Deportista del Siglo en el año 2000 (con 55 deportistas más de diversas disciplinas). He sido considerado como uno de los deportistas de extremo y alta resistencia más destacados del mundo.

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