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Perversión

Perversión

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Con la luz del Sol te abracé. Te acurrucaste sin decir palabra alguna.

- Ya no te quiero. Me gustaste y mucho cuando te conocí. Después llegó la rutina, el matrimonio y los niños y el trabajo de casa tan pesado y nunca valorado. Y el amor monótono, insatisfecho. Empecé a fantasear y a pensar en mi primo y en aquél otro que no conocí nunca pero que fue el amor de mi vida.-

- ¿Y yo qué? Alguna vez te acordaste de mí. ¿Te ocupaste de mi sexo? ¿En serio crees que tengo la culpa de tus lágrimas? De la casa al trabajo y del trabajo a la casa, salvo los jueves de dominó con los cuates y algunas copas para armarme de valor y hacer el intento de besarte.

- Ya no tiene caso hablar, estoy así de odiarte. Terminemos de una vez el trámite. Firma y te dejo en paz y tú a mí, por favor. Firma y paga las mensualidades.

- Julieta, me vas a dejar en la calle. Jamás pensé que fueras tan monetarista*.

- ¿Tan qué Romeo? Son los tiempos modernos. ¿De qué quieres que vivamos los niños y yo? Si hubieras buscado una mejor chamba, como te lo dije, pero nunca pasaste de perico perro. ¡Y así querías reconquistarme! Ni siquiera has cumplido tampoco el viaje disque de nuestro reencuentro a Las Vegas.

- ¿Y tú que me dices? El teléfono suena y suena con las cuentas que no pagas y así quieres que te lleve a viajar, si cómo no, me la llevé siempre pagando tus deudas. Y tú tan campante.

- ¿Para eso te casaste conmigo? Para reclamarme la vida que no me diste. ¿Qué pasó con aquello de bien comida, bien vestida y bien cogida?

- Para que sepas eso sólo se da en la televisión, tú ni siquiera eres actriz. Y además siempre tuviste la casa hecha un desastre, mi ropa yo la planché y cuántas veces me puse los mismos calzones.

- Ni digas eso porque es mentira, lo que no tienes son calzones. No digamos hombría para hacerme feliz. No sirves como hombre.

- Pues otras me han dicho que soy un tigre en la cama. A lo mejor algo te falta a ti.

- Cínico desgraciado, vete con tus golfas de cuatro letras, con razón nunca alcanzó para nada aquí.

- Cualquier cosa es mejor que estar contigo. ¿Pero de verdad crees que no tenemos remedio? Mmm… Piénsalo. ¿Y si lo intentamos? Aunque sea por lo niños.

- Ya es muy tarde, me has lastimado mucho, yo que te cumplí todos tus deseos. Que te hiciera el desayuno, cayéndome de sueño. Ya no recuerdas que te hice piojito cuando llegabas cansado.

- De verdad que eres una niña, y yo soporté todos tus berrinches. ¿Alguna vez te preguntaste qué necesitaba yo? Un culo fresco, cosas de esas que se ven en el internet.

- Te casaste con una mujer decente, no con una ramera. Además si a esas vamos tú no pasaste del misionero, y cuando quería yo estar arriba no te gustaba que te ensuciara.

- Total, que no podemos rescatar nada. Te quiero y te odio.

- Y yo sólo te odio.

Anochecía en la ciudad de México, como todas las tardes el mismo divo de las noticias se relamía en su ventriloquia maquillando oficialmente la realidad. Era esa la historia de un pueblo adormecido por los secuestros, los desaparecidos, el desempleo, las carencias, la pobreza, la corrupción, la perversión.

Romeo y Julieta se volvieron de espaldas en su misma vieja y destartalada cama. Ella bendijo en silencio a sus hijos y alcanzó a rezar una versión simplificada de La Magnífica. Ni siquiera las buenas noches se dijeron. Mañana será otro día.

Romeo y Julieta soñaron lo mismo: El odio vino después. Dulce pecado mío, amor de fantasía. Entonces desplegué la estrategia de construcción para seducirte y recurrí a la poesía; y entre juego y juego, sonreíste, como que pidiendo más besos… y más palabras. Juro y perjuro que en mis brazos cuando cantamos abrimos la puerta del deseo. Romeo recordó a José Alfredo inconfundible “por tu amor que tanto quiero y tanto extraño…” Julieta prefirió los versos del flaco de oro “…quisiera decirte que tu eres mi vida”.

Con la luz del Sol te abracé. Te acurrucaste sin decir palabra alguna.

*Pensó (¿?) en “crematística”.

Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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