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DE LO COTIDIANO A LO CLÁSICO

Lo esencial es invisible a los ojos
Orquídeas, enormes anillos de compromiso, pares de manos grandísimas, arcos, puentes, puertas que se abren para entrar a ningún lugar y escaleras que suben a la nada, son algunas de las esculturas surrealistas que se encuentran en Xilitla, paraíso en medio de la selva en mi adorada Huasteca Potosina. Xilitla es un lugar místico que resguarda los caprichos del excéntrico millonario fallecido, Edward James (Reino Unido 1907- Italia 1984), quien esculpió (muchas veces en compañía de su gran amiga Leonora Carrington) la obra que ahí se encuentra. Hace poco fui otra vez y, mientras buscaba a mi hermana, uno de mis primos me llamó y me dijo: -Ya la encontré, aquí está, aquí arriba, ven- y ahí voy; subí hasta llegar a la nada, no me acordaba de esta escultura. Es extraño subir escaleras y llegar a ninguna parte, porque siempre hay algo, hay cielo, hay aire, hay algo, no creo que exista el no hay nada.

Así como recuerdo la escalera en Xilitla que me llevó a la nada, también recuerdo escaleras que me han llevado a ver o sentir un todo, como las que recuerdo en una iglesias europeas o las de madera de un hotel antiguo en Massachusetts que al pisarlas rechinan o las de las famosas pirámides que nos legaron nuestros ancestros o las de forma de caracol de fierro como las que se usaron en los patios de las casas de las colonias, por ejemplo, Condesa, Roma o del Valle; o las alfombradas de un elegante hotel o las de talavera en un hermoso restaurante mexicano. Conozco muchísimas escaleras que he subido, he visto o en las que me he sentado, sin embargo son contadas las escaleras sobre las cuales recuerdo alguna anécdota. La gente que formó parte de mi infancia y parte de mi adolescencia, a la fecha me pregunta: -¿Te acuerdas de las escaleras de tu casa?- Claro que las recuerdo, además era divertido bajar deslizándonos por el precioso barandal de madera. De niña, al subir esta escalera siempre lo hice de dos en dos y las iba contando: dos, cuatro, seis, ocho… las subí así miles de veces durante años en casa de mis papás pero hace tanto que se vendió, que no recuerdo el número de escalones; sé que no tiene importancia el número pero qué barbaridad no recordar algo que uno hizo varias veces todos los días, durante muchos años.

¿A quién le ha pasado o le pasó que se sienta antes de entrar, en las escaleras de afuera de un museo, para descansar un poco después de kilómetros recorridos en plan turístico?

Hay otras escaleras que recuerdo: hace mucho tiempo compré el libro “El Principito”, había ido a la librería “The secret corner” (literalmente a ver qué encontraba), y como me llamó la atención la portada de esa edición de “El Principito”, lo compré; llegando al departamento que mis papás rentaron me senté en las escaleras de madera de la entrada, tomé tiempo para observar el bosque, luego cerré los ojos e incliné la cabeza hacia atrás para sentir el clima de otoño; minutos después saqué el libro de la bolsa de papel y comencé a leer la historia de aquel famoso pequeño príncipe: capítulo I, capítulo II, III y IV y, a mis diez y varios años de adolescencia me desilusioné al no entender prácticamente nada del significado de la historia, por lo que opté por poner el libro a un lado, de hecho lo olvidé por más de una década antes de volverlo a leer y entender el porqué de la popularidad mundial de “El Principito”; entonces, muchos años después del día que estuve sentada en las escaleras de madera disfrutando uno mas de tantos otoños, volví a leer el libro.

Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry (Lyon, Francia 1900 – Isla de Riou, Francia 1944) fue un aviador y escritor francés que tras haber realizado, junto con su copiloto André Prevot, un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara y haber sufrido alucinaciones debido a la deshidratación que pasaron, a su regreso fue que se inspiró para escribir “El Principito”. Durante la historia el Principito va descubriendo la complicada manera en que los adultos se comportan ante los demás y las diferentes situaciones que se van dando en la sociedad; de estas situaciones Exupéry nos regala una serie de reflexiones que literalmente rescata a través de ejemplos de amor y amistad.

Esta obra de Saint-Exupéry es considerada un clásico de la literatura universal, que no pudo ser publicada en Francia sino en EU en 1943, debido a la Segunda Guerra Mundial.

El Principito es un personaje que abandona su planeta porque no encuentra nada, por lo que se convence de ir de excursión por el universo, en busca de un amigo. Al primer ser que se encuentra es a un piloto, quien le explica que los adultos viven constantemente ocupados en sus asuntos por lo que son incapaces de darle valor a las cosas que realmente son importantes. El Principito representa al niño que llevamos dentro y a los sentimientos de amor, esperanza e inocencia que alimentan nuestra vida. Esta historia tiene varias frases que han sido analizadas, frases que son primicias para darle valor a los diálogos cortos de la narración. El zorro es el primer amigo que hace el Principito en su viaje. Algunas de las frases que el zorro le dice al Principito, son:
“Lo esencial es invisible a los ojos”, significa que el verdadero valor de las cosas se escapa a los ojos porque las observamos de manera artificial, sin embargo no se escapan al corazón si se hace una pequeña reflexión en el tema de las apariencias. Es una constante en el libro el que el verdadero valor de las cosas no se encuentra en lo que se tiende a juzgar a simple vista.
“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”, significa que el tiempo que dedicamos para cultivar las relaciones, la amistad, el amor y lo que queremos, es lo que los convierte en afectos valiosos.

“Si tú vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz”, significa el tiempo que esperamos y el gusto con el que nos reuniremos con seres queridos y la responsabilidad de amistad que asumimos ante ellos.

Esta frase es del Rey al Principito: “Sólo hay que pedir a cada uno lo que cada uno puede dar”. El Rey era incapaz de ordenar algo que no pudiera ser cumplido, es decir que para poder ser cumplido hay que mandar aquello que los demás estuvieran dispuestos a hacer. Con esta frase se entiende la importancia de la bondad cuando se tiene poder.

En el relato aparece una rosa, que es el objeto de amor del Principito, y que muestra que su relación es difícil (refiriéndose a las relaciones humanas) aunque la cuide con amor y la proteja con fervor, pues la flor es orgullosa, melodramática y caprichosa, relación complicada lo cual lleva al Principito a realizar un viaje por el mundo para separarse de ella, sin embargo es el recuerdo de lo que hubo entre él y la flor lo que hace que él vuelva a su planeta.

En la historia también aparece un sencillo dibujo de un cordero dentro de una caja y el dibujo de un elefante dentro de una boa, lo que significa que como los adultos nunca entendieron el significado de lo que el niño había dibujado porque interpretaban lo que ellos veían, el niño desiste de hacer lo que él está convencido que quiere y sabe hacer (dibujar), para convertirse, de adulto, en aviador.

El astrónomo turco representa que una persona que hace algo importante y presenta al público su hallazgo con (en el caso del turco) ropa indebida, la gente no lo toma en serio, pero si presenta el mismo hallazgo elegantemente vestido, la gente aceptará su descubrimiento. Con el tema del turco también se le da importancia a las apariencias de las personas.

Los baobas representan la importancia de prevenir situaciones que con el tiempo pueden ser demasiado grandes. La serpiente representa a un personaje sabio y enigmático. El borracho representa la manera de evadir la realidad. El farolero representa a las personas que se entregan irreflexivamente a sus tareas, a veces sin reflexionar sobre el sentido de sus acciones. El geógrafo representa la incapacidad para advertir el valor de lo que nos rodea, de nuestra realidad, y por último El vanidoso representa una enorme necesidad por ser admirado y elogiado por otros.

Mi reflexión es que de estar en la nada en el Sahara, Saint-Exupéry sacó todo para describir de forma refinada, algunas condiciones del ser humano.


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