La ceguera de Adán
El fuelle, mientras más se infla, más vacío se encuentra. Adán Augusto festeja y presume su derrota en toda la línea, hace de su muerte política ocasión y pompa; magnánimo perdona a quienes nunca supieron valorarlo, reparte gobernaturas y ostenta inocencias plenipotenciarias:
-¡Vida, nada te debo!
Su descarrilamiento es peor que el del interoceánico: es ruina y ruin, es escarnio, befa, merecimiento, exhibición, calvario. Pero para él es laurel, guirnaldas, embeleso.
-¡Me adoran y temen!
Y no, no es pose, no actúa ni finge, está convencido que triunfó y que le aguarda un futuro de maná.
El hermanito es la prueba más clara de que los dioses ciegan a quienes quieren perder, aunque los hay quienes solos se sacan los ojos.
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