DE LO COTIDIANO A LO CLÁSICO

Mariposas

Mariposas

Desde niña me gustó y se me quedó grabada esta canción corta que literalmente cantábamos como despedida y como agradecimiento por haber pasado otras maravillosas vacaciones juntos, mi familia y las familias de los amigos de mis papás, familias a los que uno se refiere como tíos y primos de cariño. Esta canción de despedida la cantábamos tomados de las manos para formar un círculo y era padrísimo porque aunque parezca cursi, de verdad el tomarnos de las manos para despedirnos, hacía que nos sintiéramos más cerca; era como una promesa de que nos volveríamos a ver. Desde entonces la convertí en algo así como un himno que adopté como bálsamo de esperanza o como promesa para el reencuentro de después de la vida: “Por qué perder las esperanzas de volverse a ver, por qué perder las esperanzas si hay tanto que ver. No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós, muy pronto junto al fuego nos reunirá el Señor. Con nuestras manos enlazadas ya en torno al calor, formemos esta noche un círculo de amor. No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós”. Qué bonito tomarle la mano a otro: a un niño, a un joven, a un hijo, a la pareja, a quien queremos.

Alguna vez con mis amigas, cantando “muertas” de risa, hicimos la promesa de que al morir nos mandaremos una señal a través del vaho que se forma en el espejo del baño; la idea es que el mensaje suceda cuando una fina gota se deslice por la luna, no importa si es de día o es nocturna; la señal de la gota deslizándose como prueba del cumplimiento de nuestro pacto, es una acción inevitable que también adoptaré como bálsamo de esperanza.

¿A quién le ha pasado que cuando recuerda una canción trae una época a la memoria? Recuerdo a la perfección en dónde y con quiénes cantaba esa canción de despedida, así como también recuerdo las canciones que cantábamos en la “eterna” carretera hacia el rancho en la Huasteca Potosina, paraiso donde todo era libertad y sencillez, como lo era uno de los entretenimientos más divertidos y de mayor reto, que consistía en correr junto al río, con red casa mariposas en mano, para atrapar mariposas que obviamente soltábamos después de hacer puntos ganadores; las que más valían eran la blanca porque no era tan fácil de encontrar (para los griegos y para algunos chinos la mariposa blanca significa el alma), y la azul porque era la más grande y bonita. Mi hermana dice que si tuviera un hotel o restaurante, le pondría de nombre “Kelebek”, palabra árabe (que aprendió en Estambul) que significa mariposa. Las mariposas blancas, azules, monarcas, las que sean, son punto y aparte; son un fenómeno que nos regala la naturaleza de manera fascinante y extravagante, con todo y su extraña metamorfosis. Me parece que como es un fenómeno increíble el de la metamorfosis, entendimos el proceso en la primera clase de Ciencias Naturales: La hembra pone huevititititos sobre la hoja de una planta, de ahí salen pequeñas orugas que van creciendo mientras van comiendo sin parar cualquier vegetal que encuentran en su camino; alcanzado su peso se cuelgan de una ramita y se envuelven formando un capullo, y llegado el momento salen convertidas en delicadas mariposas que tomarán como hogar al bosque o la selva o emigrarán en grupo viajando cientos de kilómetros para volver a reproducirse y terminar su ciclo para dar vida a nuevas generaciones; ciclo complejo como el de todos nosotros los seres vivos. Todo bienvenida, todo despedida, pero tengo fe de que es sólo un breve adiós. Muchas personas le dan a la mariposa un profundo valor como símbolo espiritual que representa transformación; para otros es la evolución de la vida. Este tema de la mariposa me recuerda a una gran amiga que admiro y quiero entrañablemente, de quien además he aprendido muchas cosas bonitas; son de esas amigas-os que por alguna maravillosa razón, la vida pone en nuestro camino. Tiempo después de haber sufrido la pérdida de su hijo, mi amiga escribió reflexiones, sentimientos, pensamientos, recuerdos, etc. y sin planearlo (porque una cosa fue llevando a la otra), sus escritos se convirtieron en un libro de autoayuda para otras personas que han sufrido alguna pérdida importante o no. Para ella, la kelebek es un símbolo de transformación. “Es personal” es el título del libro que escribió mi querida amiga Laila Martínez Ayub, que comienza así: “A mí no me va a pasar… Esto sólo le pasa a los demás”; en sus páginas también nos dice: “El dolor emocional es parte de la vida. No es una condición patológica de la personalidad, sino que puede suscitarse a causa de un evento repentino cuyas consecuencias provocan cambios en nuestro estilo de vida y en la percepción de nuestro mundo, aparentemente inquebrantable”. Me encanta este libro porque las palabras acompañan al corazón en su metamorfosis. El cien por ciento de las ventas de “Es personal” (en edición de papel o para tableta), es donado a una fundación de niños con SIDA. El caso es que con o sin pérdida, se los mega recomiendo porque es ayuda en todos sentidos.

Así mismo a través de la pintura también se expresan sentimientos, tal es el caso de uno de los cuadros más famosos que de manera muy simbólica expresan dolor, y que estoy segura de que cuando lean el título de esta obra, lo verán en la mente: “El grito” (1893) de Edvard Munch, que una tarde de paseo en Oslo se inspiró en un paisaje y dijo: “Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho (…) Lenguas de fuego cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza”. Edvard Munch 1863 – 1944, fue un pintor expresionista, simbolista y grabador noruego que decía que lo que él intentaba era diseccionar almas ¡Qué extraña novedad por realizar la de diseccionar almas! Los sentimientos tras las pérdidas de los seres queridos de Munch se ven reflejados en la mayoría de su obra, sentimientos como: angustia, miedo y melancolía, en otras de sus obras nos muestra el tema de la religión, el erotismo y el amor.

“Treinta y tres muchachas salen a cazar la mariposa blanca” (1958) es el título de un famoso óleo sobre tela, que me encanta, que se encuentra en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en Madrid, obra del artista autodidacta alemán Max Ernst.

Una de las sensaciones que muchos hemos sentido, que bien recuerdo, es la de “mariposas en el estómago”, reflejo provocado como algo que “Es personal”.





Laura Acosta

Laura Acosta

Desde niña asistí a clases de pintura; de adulta he estudiado en diferentes talleres de arte, técnicas como grabado en placas de acero, monotipo en acrílico, distintas técnicas de pintura y dibujo. En la actualidad pinto, expongo mi obra e imparto clases de pintura. Otra de mis grandes pasiones es la literatura. He estado en diplomados y talleres de poesía, cuento fantástico y clásico y creatividad literaria; en este último aprendí a leer varias de las obras consideradas clásicas, y he colaborado en la elaboración de libros de arte, en el área de dinámicas para alumnos de secundaria. Así mismo doy clases de literatura y lectura de novela y cuento, a adultos.

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