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Varguitas de la 4T

Varguitas de la 4T

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Para la presidenta con A encubrirse en esta complicidad con el exconsejero jurídico puede tener sus asegunes, al depender más de las tropelías de sus correligionarios que de sus habilidades políticas.

Hoy los mexicanos amanecimos con una noticia que es voz populi, a través del libro, "Ni venganza Ni perdón, de Julio Scherer y Jorge Fernández: que desde la llegada de la cuarta transformación en el 2018 gobierna a México una cofradía de malandrines.

Para el pueblo sabio, una gran sorpresa, para los mexicanos convenencieros, una preocupación por perder sus privilegios y para el resto de los mexicanos una alegría por ver cómo se destruyen los morenistas.

Por tanto, el libro del exconsejero jurídico de AMLO revive y actualiza con todas sus letras la película La Ley de Herodes de Luis Estrada que retrata de cuerpo entero a López Obrador y sus secuaces.

Desde entonces los "varguitas" brotaron como hongos en su propia familia y en la "nueva" clase política, auspiciados por su jefe y líder, el peje.

Al igual que Juan Vargas, el personaje de la película, el peje sin ningún pudor también se pone de estelar en su propia película para hacer y deshacer: México, llamada pejelandia.

Por tanto, la llegada del peje a Palacio Nacional le ha significado al país vivir bajo una visión: la "voracidad" como estilo de gobierno.

Los seis años de su gobierno lo constatan: normalizar la corrupción como estilo de gobierno.

Al igual que "varguitas" con el municipio de San Pedro de los Seguaros.

En el caso del peje el aplauso vino de sí mismo: eres un chingón.

A "varguitas" lo felicita un tercero, al decirle: "Pinche Vargas, eres un cabrón".

Con ese ejemplo público los pejistas actuaron bajo las reglas de la corrupción, de la opacidad, de la impunidad y de la complicidad.

Desde sus hijos hasta los que se llenaron la boca de ser obradoristas, cambiaron las fritangas callejeras por manjares en lugares de alta gama.

Ser parte del Movimiento y no hacerlo, era vivir en el error.

Pero esa forma de vida pública mostraba únicamente su podredumbre.

Y además se daban el lujo de escupir al cielo sin importar sus consecuencias.

Hoy Julio Scherer y Luis Estrada, le dan a México la oportunidad de conocer sin tapujos de qué están hechos los morenistas: de una voracidad incesante.

Ejemplos, sobran:

Un Noroña que le hace más ruido la "deslealtad" que la corrupción de la familia morenista.

Una gobernadora de Campeche preocupada en ser la reina del sur.

Otra gobernadora, de Veracruz, ocupada en justificar lo injustificable de su gobierno.

De un Senador que pasó de la gloria a la tierra por mostrar su esencia: ser
Un bandolero. Y,

Apellidarse López, como garantía de impunidad para ejercer el tráfico de influencias como llave de éxito económico y político.

Pero revivir lo negro de un país, ahora con la cuarta transformación, tiene un beneplácito más allá de conocer a los nuevos "varguitas".

En otras palabras, no solamente es lavarse la cara Julio Scherer, con su texto, Ni venganza Ni perdón, sino formar parte de una trama política.

Bajo el nombre: "Yo no fui".

Es decir, la presidenta con A se deslinda del autor, de su libro y por ende de su contenido.

Como parte de su juego perverso de ser ajena a lo qué se dice, se actúa y se pública, en relación con la cuarta transformación ante su jefe, el peje.

En su lógica utiliza el mismo esquema para denostar.

En su momento, en 1999, con la película La Ley de Herodes se exhibió al PRI y vio como un lastre para el país.

Hoy, el libro Ni venganza Ni perdón, tiene la finalidad de desnudar la hipocresía de los morenistas, ante las miradas ingenuas y críticas que observan como se atascan en su propio lodo.

Para la presidenta con A encubrirse en esta complicidad con el exconsejero jurídico puede tener sus asegunes, al depender más de las tropelías de sus correligionarios que de sus habilidades políticas.

Al tiempo


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Gerardo Conde

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