¿Miedo?
Noroña ha reconocido que llegó a la presidencia del Senado al no haberle cumplido, ni López ni Sheinbaum, con la coordinación de la fracción parlamentaria que, según el compromiso firmado entre las corcholatas, le correspondía. Es decir, ni por méritos ni por idoneidad, sino como pago por haberse prestado como actor de reparto al juego de corcholatas y como chambelán de campaña de la hoy presidente.
Hoy pretende que lo reelijan en el cargo, como si no existiesen más senadores de Morena.
La cosa es que por su propia confesión ya le pagaron sus servicios y que su desempeño fue más que deleznable y plagado de escándalos y patanerías.
¿Por qué habría de repetir como presidente del pleno?
¿Por sus capacidades, por sus merecimientos, por su preclaro pensamiento y respeto entre todas las fracciones parlamentarias, o por miedo a estar en las listas de burócratas morenistas ligados al crimen organizado que aún falta por requerir la justicia norteamericana?
No vaya a ser que termine compartiendo celda en Nueva York, qué tanto disfruta, con su Nicolás Maduro.
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