La culpa
Para muchos jóvenes de las sociedades modernas, la culpa de lo que pasa, la razón de todos los problemas es en mayor o menor medida, la indubitable culpa de sus mayores. Somos los viejos los culpables del mundo que les dejamos. De las locuras y vilezas que ocurren en su tiempo y todas las miserias con las que se enfrentan a diario.
Y dicha sea la verdad, tienen mucho de razón si se mira lo que ocurre hoy en nuestro globo. Lo que ocurre en las principales potencias del mundo civilizado y particularmente en los países desarrollados y en otros como México, en proceso de desarrollo, subdesarrollados o de menor desarrollo relativo.
Son enormes las culpas sociales por la guerra contra Palestina, la guerra de Ucrania vs Rusia, la guerra contra Irán …los abusos contra mexicanos y otros por su color o creencias en los propios EUA, el bloqueo a Cuba, la lucha contra los narcos, las oportunidades de trabajo bien remunerado mucho menores que la demanda, por ejemplo.
La culpa es esa sensación vergonzante que se manifiesta de muchas maneras distintas entre las clases sociales, En la academia, en la organización productiva, en la industria, en el campo y que tienen que ver en cómo se ha organizado la sociedad civil para gobernar, para enfrentar desastres naturales, para resolver conflictos laborales y de otra índole, culturales, románticos, sexuales.
En otras palabras, para darle sentido a la vida misma en busca de la felicidad, del progreso y otros valores eternos e inmutables que son razones primordiales para distinguirnos unos de otros y de los cercanos primates.
Somos una sociedad gregaria, donde lo que hace la mano hace la tras, influido nuestro comportamiento antes por la televisión y otros medios de comunicación y hoy por las redes, los celulares y demás electrónicos.
Por ejemplo: el mundo es una nuez y al instante nos enteramos de las últimas tonterías de Dump, el pedestre agente naranja, del genocida Netanyahu, de los asesinatos de ICE, de la mala cara y soberbia de tal o cual servidor público o de las pocas gentilezas que quedan.
Según el siempre útil diccionario, la culpa es una emoción autoconsciente que surge cuando creemos haber roto una norma moral, ética o social y que es responsable de causar daño. La culpa impulsa a pedir perdón, a ofrecer disculpas, reparar el error y evitar conductas dañinas.
La culpa impulsa generalmente tristeza, ansiedad, remordimiento y vergüenza. También manifestaciones físicas como sudoración y taquicardia al incitar a reparar el daño causado.
Aunque claro, el cinismo de muchos sinvergüenzas, como el caso de Dump y Netanyahu que llegan a la paranoia, les impide reconocer el daño ocasionado y reducir el sentimiento de culpabilidad y hasta disfrazar y disfrutar la transgresión.
Entonces, justo es decirlo, la culpa y el referido sentimiento de culpa desempeñan un papel esencial en la escala de valores y toma de decisiones morales y éticas de nuestro tiempo y comportamiento.
La escala de valor va desde aplaudir e intentar justificar robos y asesinatos, mentiras y falacias hasta las mejores relaciones afectivas y sexuales que nos definen.
Tan es así, que se requiere socialmente un aparato legal y de justicia que repare parcialmente el daño cometido y que va más allá del propio sentimiento de culpa. Se legisla sobre la culpabilidad o no del presunto y se le condena tarde o temprano a pagar según la valoración social del acto cometido en beneficio de la armonía social.
A contrario sensu, la ausencia de sentimientos de culpa sobre el acto cometido inmoral o falto de ética, como es el caso del pedestre anaranjado y su socio judío es también una conducta patológica. Moverse socialmente sin avisos de culpabilidad da lugar a comportamientos transgresores psicopáticos o sociopáticos, ilegales y ruines pecados.
Es decir, se califica así a todo trastorno de la personalidad caracterizado por la falta de empatía, el egocentrismo, la manipulación y la ausencia de remordimiento o síndrome TPA (Trastornos de Personalidad Antisocial).
Una vez conocida la impulsividad que provoca, la irresponsabilidad o desprecio sistemático por las normas sociales, éticas, legales y económicas, su manipulación creciente confirma su pérdida de contacto con la realidad, su desconexión afectiva o moral.
En resumen: Dump, Netanyahu y demás políticos y empresarios patológicos transgresores deben de ingresar a la cárcel como medida preventiva y ser internados en algún sanatorio de sanación donde no tengan acceso a dañar más a la humanidad o parte de ella, así como a ellos mismos aunque sin darse cuenta.
Así los viejos habremos avanzado en dejar un mejor mundo para disfrute y felicidad de los más jóvenes. No hacer nada es una vergonzosa culpabilidad generacional.
Las manzanas podridas pudren también a millones ignaros, ineducados y engañados.
Por último, recordemos que el ejemplar Juicio de Núremberg fue a destiempo ante el alto grado de culpabilidad social; antes, los nazis asesinaron a millones de judíos, homosexuales, comunistas solo por ser diferentes. Como hoy actúan Dump, Netanyahu y sus socios corifeos. Son asesinos culpables sin presuntos remordimientos de culpa, ni ética alguna.
Debieran de ser marginados y repudiados en su totalidad. Ni un voto más a estos desadaptados criminales.
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